Sabe a poco, la verdad. En el primer derbi vasco de la trilogía que le viene a la Real Sociedad femenina, las txuri-urdin no pasaron del 1-1 en Mendizorrotza ante el Alavés. Un punto que prolonga la racha a seis partidos sin perder entre Liga F Moeve y Europa, pero que deja a las de Gorka Álvarez atascadas en la undécima posición con 10 puntos, aún lejos de la zona alta.
Y eso que la cosa empezó encada. Ainhoa Marín abrió el marcador en el minuto 18 rematando de cabeza un balón que Intza había dejado muerto tras un mal blocaje de la portera local, Fuente. Sin embargo, la alegría duró poco en el bando visitante. Apenas diez minutos después, Altamira se inventó un zapatazo desde fuera del área tras un despeje corto de la zaga realista para poner el empate definitivo. Pese a dominar la posesión con más del 70% y ajustar el esquema en la segunda mitad con la entrada de Moraza y Arola, a la Real le faltó mordiente arriba para certificar el triunfo.
Consecuencias en la tabla y un calendario apretado
Para mí, este empate deja una sensación agridulce clara. Por un lado, la Real sostiene una inercia competitiva seria: sumar seis encuentros consecutivos invicto entre todas las competiciones demuestra que el equipo se ha levantado tras un inicio de curso dubitativo. El 4-2-3-1 de Gorka Álvarez ya parece un dibujo plenamente consolidado, dejando atrás los experimentos de tres centrales de etapas anteriores. Además, el choque dejó un hito individual importante con Nerea Eizagirre alcanzando los 300 partidos oficiales con la camiseta txuri-urdin.
Por otro lado, la realidad de la clasificación aprieta. Las realistas se quedan undécimas con 10 puntos, a siete del tercer puesto que marca la zona de Champions. Para un bloque que busca pelear arriba, dejarse dos puntos en el feudo de un Alavés que sigue metido en puestos de descenso (penúltimo con 8 puntos) es un frenazo. En una liga donde la zona alta no perdona, ceder puntos ante rivales de la parte baja acaba pasando factura cuando se echan cuentas en primavera.
Ajustes tácticos y la baja de Cahynová
El partido también sirvió para medir el fondo de armario donostiarra. Gorka tuvo que mover el árbol tras el desgaste europeo ante el Fenerbahce, condicionado por la baja de última hora de Cahynová por una lesión muscular en los isquiotibiales. Ainoa Campo ocupó su sitio en la medular junto a Lezeta y el equipo tuvo el control del balón, pero le costó traducir esa posesión masiva en ocasiones clarísimas ante la meta vitoriana.
Ni el carrusel de cambios ni la presencia final de Keefe y Seelenfreund para jugar con dos puntas natas desatascaron el choque en el tramo decisivo. De hecho, fue la guardameta visitante Arrula quien tuvo que sostener el 1-1 repeliendo un mano a mano claro frente a Sobrón en una contra directa del Alavés. Ahora la Real debe pasar página rápido: este tropiezo en Mendizorrotza es solo la primera parada de un tramo de calendario exigente repleto de duelos de rivalidad regional donde el margen de error empieza a reducirse.




















