Hay momentos en los que el fútbol tiene que parar de manera obligatoria, y este es uno de ellos. LaLiga ha atendido la solicitud formal del C.D. Castellón para aplazar su partido de este viernes frente al Eibar, una decisión tomada de forma conjunta tras el doloroso fallecimiento de Jesús de Miguel, exfutbolista del conjunto albinegro.
La noticia, adelantada por la Cadena SER, se hara oficial en las próximas horas tras unos días de enorme tensión emocional en Castalia. El club castellonense ya tuvo que suspender la sesión de entrenamiento del martes al conocerse el trágico desenlace. El miércoles, en la vuelta a los campos de trabajo, la plantilla guardó un respetuoso minuto de silencio antes de arrancar. Sin embargo, el verdadero impacto de la pérdida se ha vivido en la calle: la afición, los dirigentes, antiguos compañeros y el actual plantel se citaron en la puerta 9 del estadio para levantar un altar improvisado y rendirle tributo con un prolongado aplauso.
Un vestuario que necesitaba estar en Toledo
Yo esto lo veo clarísimo: exigirle a un grupo de futbolistas que salte a competir en un choque de máxima exigencia cuando la cabeza y el corazón están en otra parte no tiene ningún sentido. El aplazamiento no responde a un capricho organizativo, sino a una necesidad humana de acompañar a la familia y allegados del jugador en un trago tan amargo.
La suspensión del encuentro permite que una amplia representación de la entidad se desplace este mismo jueves a Toledo para asistir al entierro. Hasta la localidad castellana se desplaza todo el cuerpo técnico que coincidió con De Miguel en su etapa en el club, encabezado por el director de fútbol Ramón Soria. Junto a ellos, futbolistas de la primera plantilla como Raúl Sánchez, Alberto Jiménez e Isra Suero, además del exfutbolista David Cubillas, acuden en representación de un vestuario profundamente golpeado.
Cuando un vestuario vive un impacto de este calibre, el parón táctico pasa a un segundo plano. La cohesión de un grupo se mide también en cómo se arropan en los momentos de duelo fuera del césped, y la respuesta del Castellón ha sido ejemplar en todas sus áreas.
El impacto en el calendario y la tercera suspensión de la jornada
Con la suspensión del Castellón-Eibar, ya son tres los compromisos del fin de semana que quedan en suspenso. La patronal ya había acordado aplazar previamente los choques entre Granada y Tenerife, así como el Andorra-Mallorca, por ser las entidades más afectadas en el contexto actual. A falta de confirmación definitiva sobre el resto de la jornada en Primera y Segunda División, todo indica que el grueso del calendario se disputará con normalidad.
Desde el punto de vista puramente futbolístico, encajar una fecha pendiente en un calendario tan apretado como el de Segunda División siempre resulta complejo. Ambos entrenadores tendrán que reajustar sus planificaciones físicas y cargas de trabajo para no perder el ritmo competitivo, en una categoría donde parar una semana te cambia por completo la dinámica.
Ahora le toca a LaLiga encajar los bolillos necesarios para reubicar este Castellón-Eibar en el mapa de competición. Pero hoy, sinceramente, lo de menos son las fechas y los puntos: lo importante era tener la sensibilidad de parar a tiempo.




















