El Burgos ha tirado de orgullo y oficio en El Plantío para darle la vuelta a un choque que se le había puesto cuesta arriba prácticamente desde el pitido inicial. La victoria por 2-1 frente al Celta Fortuna confirma el gran momento de forma del conjunto burgalés y le catapulta de forma provisional hasta la tercera posición de la tabla.
El filial vigués pegó primero y descolocó la propuesta local en el minuto 12. Álvaro Marín aprovechó la primera gran grieta de la zaga burgalesa para mandar el balón al fondo de la red y adelantar al Celta Fortuna. El 0-1 atascó durante toda la primera parte a un Burgos al que le costó circular con fluidez ante la valentía y el descaro del cuadro visitante.
Sin embargo, la decoración cambió por completo tras el paso por los vestuarios. El Burgos regresó con una marcha más, apretó la salida de balón rival y encontró su premio en el segundo tiempo. Curro Sánchez puso las tablas en el marcador para meter de lleno a la grada en el partido, y poco después Álex Forés culminó la remontada cazando el 2-1 definitivo que dejó los tres puntos en casa.
Un golpe sobre la mesa para colarse en el podio
Yo esto lo veo muy claro: ganar este tipo de partidos es lo que distingue a los equipos que compiten por arriba de los que se quedan a mitad de camino. Encajar a los doce minutos ante un filial repleto de talento y velocidad suele ser una trampa mortal si te entra la prisa. Pero la reacción del Burgos en el segundo acto demuestra una madurez competitiva tremenda.
Aparecieron las figuras cuando el choque más lo pedía. El gol de Curro Sánchez cambió la inercia emocional de El Plantío, y la determinación de Álex Forés para sellar el segundo confirmó que este bloque sabe masticar los encuentros difíciles. Dormir en la tercera plaza no es fruto de la casualidad, sino de saber transformar la presión de tu estadio en energía positiva cuando el marcador aprieta.
La lección de madurez que se le escapó al filial
La otra cara de la moneda la firma un Celta Fortuna que dejó una sensación agridulce. El equipo vigués mostró esa versión desinhibida y asociativa tan característica de las canteras de nivel, adelantándose pronto con la picardía de Álvaro Marín y tuteando al Burgos durante cuarenta y cinco minutos.
El problema para los gallegos llegó cuando el partido exigió arremangarse y resistir las embestidas locales. Al Celta Fortuna le faltó contundencia para amarrar la renta y terminó cediendo metros ante el empuje de un rival curtido. Es una derrota de las que enseñan: en campos tan exigentes como El Plantío, si no cierras el partido cuando tienes el viento a favor, el rival te acaba devorando.
El Burgos sale reforzado en su candidatura a la zona alta antes de su siguiente cita, mientras que el filial celeste tendrá que ajustar la gestión de los minutos calientes para que su buen fútbol se traduzca en puntos.




















