El Málaga sigue sin conocer la victoria y se hunde un poco más en el fondo de la clasificación tras caer por 1-2 en La Rosaleda frente al Racing de Santander. Los hombres de Juanfran Funes se adelantaron con un gol de Dotor, pero la reacción cántabra tras el descanso, encarnada en los tantos de Iker Luque y Zabiri, terminó por darle la vuelta al choque en una tarde donde Julen Agirrezabala firmó una actuación memorable bajo los palos.
Miren que Funes intentó mover el árbol para buscar el primer triunfo del curso. Cambió la libreta, montó una línea de tres centrales con dos carrileros y buscó empaque. Pero el fútbol tiene estas cosas: si la idea de salida sigue cometiendo los mismos errores en la salida de balón, el dibujo termina siendo lo de menos. El Racing olió la sangría arriba, robó alto desde el inicio y, aunque Dotor cazó un balón dividido para poner el 1-0 tras una dejada de cabeza de Adrián Niño, la sensación de fragilidad local nunca desapareció del todo.
El muro de Agirrezabala y la electricidad de Luque
Yo esto lo veo muy claro: hay partidos que los ganan los delanteros y otros que los amarran los porteros. Lo del Racing en La Rosaleda fue una mezcla de ambas cosas. Nada más arrancar el segundo tiempo, Chupe tuvo en sus botas el gol de la tranquilidad para el Málaga a pase de Aznou, pero se topó con un Agirrezabala que ya empezaba a avisar de lo que venía. Esa parada mantuvo con vida a un Racing que no perdonó en cuanto encontró espacio.
Iker Luque fabricó el empate con un latigazo eléctrico que pilló descolocada a la zaga malacitana. Casi sin tiempo para asimilar el golpe, Pablo García soltó un zapatazo que repelió Alfonso Herrero y Zabiri cazó el rechace para meter su noveno gol de la temporada. Nueve dianas ya para el delantero cantábrico, que está con la flecha hacia arriba y vive en ese estado de gracia donde todo lo que toca dentro del área acaba en la red.
Un guion cruzado por el VAR y las prisas del colista
A partir de la remontada visitante, el duelo se le convirtió al Málaga en una montaña rusa cuesta arriba. La expulsión de Aznou dejó a los locales en inferioridad numérica y con la soga al cuello. Aún así, los de Funes tiraron de orgullo en el tramo final, empujando más con el corazón que con la cabeza, pero chocaron una y otra vez contra el gigante del partido.
Agirrezabala sacó una mano milagrosa a remate de Dotor y volvió a sostener a los suyos en dos llegadas claras de Niño y Joaquín. Por si le faltara emoción al tramo final, Díaz de Mera llegó a señalar un penal en el área santanderina que puso en pie al estadio, pero la intervención del VAR corrigió la decisión del colegiado al detectar un fuera de juego previo. La última oportunidad, un libre directo de Niño que rozó en la barrera, acabó plácidamente en las manos del guardameta visitante para certificar el botín completo.
Consecuencias de peso en ambos extremos
Esta victoria confirma el gran momento de forma del Racing de José Alberto López, que supo sufrir en la primera parte, ajustó piezas en la caseta y tiró de efectividad cuando el partido se puso de cara. Tener a un goleador como Zabiri en racha y a un portero capaz de sostener puntos por sí solo da una tranquilidad tremenda para pelear en la zona noble.
La otra cara de la moneda es dramática. El Málaga continúa sin encontrar el antídoto a su crisis de resultados, se desengancha peligrosamente en la última posición de la tabla y ve cómo los retoques tácticos de Funes no bastan para frenar la sangría defensiva. Las urgencias aprietan en Martiricos y el margen de error empieza a ser mínimo de cara a las próximas jornadas.
Toca ver si Funes logra dar de una vez con la tecla defensiva o si el Racing prolonga este estado de gracia donde todo le sale de cara.




















