El Deportivo de La Coruña ya tiene lista la banda sonora para su nueva era. Este sábado, en plena plaza de María Pita, la Orquesta Sinfónica de Galicia estrenó por sorpresa la versión sinfónica de ‘Voa’, el nuevo himno del club compuesto por Xoel López, desatando la emoción de los cientos de deportivistas allí reunidos.
La jugada fue de las que gustan en la grada: con nocturnidad, alevosía y mucha clase. La Sinfónica, dirigida por Roberto González-Monjas y con el pianista Javier Perianes sobre las tablas, ofrecía su tradicional concierto de las fiestas coruñesas. El programa estaba dedicado a la música española, con Manuel de Falla como gran protagonista en el 150 aniversario de su nacimiento. Sonaron piezas de calibre como La vida breve, Noches en los jardines de España y El Sombrero de Tres Picos, intercaladas con la Ruada de Fernando Buide y la Sinfonía sevillana de Joaquín Turina. Todo muy académico y solemne. Pero el verdadero giro de guion llegó en los bises.
Tras encoger el corazón de la plaza con la interpretación de ‘Negra Sombra’ —la célebre adaptación de Juan Montes del poema de Rosalía de Castro—, los músicos de la Sinfónica se colgaron las bufandas blanquiazules al cuello. Al escenario subieron el canterano fabrilista Hugo Ríos y Elena Vázquez, pieza clave del Dépor Abanca. Y entonces, bajo los arreglos de Daniel Acebes, arrancaron los primeros acordes de ‘Voa’. Los pelos de punta para los allí presentes, que no se esperaban este broche de oro deportivo a una noche de etiqueta.
La liturgia de Riazor cambia de piel
Yo esto lo veo como algo más que un simple gesto festivo. El fútbol es pura memoria colectiva, y en A Coruña la música tiene un peso sagrado. Hasta ahora, el ritual de Riazor era inamovible: los equipos saltaban al césped y se retiraban a los vestuarios bajo los compases de la versión sinfónica del antiguo himno, el mítico ‘Cacahüé’, que también fue grabado en su día por la propia Sinfónica de Galicia. Era el sonido de las grandes noches europeas, del SuperDépor y de las batallas en el barro de Segunda. Un cordón umbilical con la historia del club.
Dar el relevo a un símbolo así no es una tarea fácil. Tocar la fibra del aficionado con un tema nuevo requiere tacto, y ahí es donde entra la figura de Xoel López. El músico coruñés, deportivista de cuna, compuso ‘Voa’ con el corazón, pero faltaba el envoltorio definitivo para el día de partido. Con esta adaptación de la Sinfónica, el club no solo respeta la tradición de arrancar los encuentros con la solemnidad de una gran orquesta, sino que actualiza su identidad de cara al futuro. Es vestir al Dépor de gala para lo que viene, manteniendo ese puente inquebrantable entre la alta cultura de la ciudad y el sentimiento popular de la grada.
El impacto en el vestuario y en la grada
Cualquiera que haya pisado un estadio sabe que el túnel de vestuarios es un manojo de nervios antes de que ruede el balón. La música que suena en ese instante no es decorativa; es un estímulo psicológico brutal. Pasar de la tensión del calentamiento a la solemnidad de una pieza sinfónica genera una atmósfera de respeto y concentración que pocos estadios en España logran replicar. El Dépor lo sabe y cuida ese patrimonio intangible como oro en paño.
Además, la presencia de Hugo Ríos y Elena Vázquez sobre el escenario de María Pita no fue casualidad. Representan el Dépor que se está construyendo: la cantera del Fabril y el empuje del fútbol femenino con el Dépor Abanca. Que fuesen ellos los encargados de apadrinar esta versión sinfónica junto a la orquesta de la ciudad demuestra que el club busca una comunión total entre todas sus áreas. No es solo un himno para el primer equipo masculino; es un canto de identidad para toda la estructura deportivista.
A partir de ahora, la pelota está en el tejado de la afición, que tendrá que hacer suya esta melodía en cada partido en casa. El estreno en María Pita ha sido el calentamiento perfecto; ahora queda lo más bonito: escuchar cómo ruge Riazor cuando empiece a sonar por megafonía.

















