El Deportivo de La Coruña vuelve a hacer las maletas en Primera División ocho años después, y su destino no es otro que La Rosaleda. Tras rascar un empate ante el Elche en el debut, los de Antonio Hidalgo buscan su primera victoria frente a un Málaga sediento de puntos en esta segunda jornada de la Liga EA Sports.
La cita tiene aroma a reencuentro de los que escuecen y curan a la vez. Malagueños y coruñeses se han visto las caras en el lodo de las categorías de plata y bronce durante la última década, pero ahora el escenario es el de las grandes noches. El Dépor llega con la espinita de haber rozado los tres puntos en Riazor, donde un gol tardío del Elche aguó la fiesta tras un auténtico golazo de Aubameyang. Por su parte, el Málaga de Funes viene de caer ante el Atlético de Madrid a pesar de plantar cara con momentos de muy buen fútbol. Ninguno sabe aún lo que es ganar este curso, y la urgencia, aunque estemos en agosto, ya empieza a asomar la patita.
Un once con jerarquía atrás y descaro en el medio
Yo esto lo veo claro: Antonio Hidalgo no es de los que agitan la coctelera porque sí. El técnico catalán apunta a dar continuidad al bloque que debutó en Riazor, empezando por la portería. Los nueve millones de euros que el club desembolsó por Leo Román este verano no eran para tenerlo sentado en el banquillo viendo cómo pasan las moscas. El chaval ya demostró ante el Elche con un par de intervenciones de mérito por qué Álvaro Ferllo y Germán Parreño van a tener que sudar tinta para rascar minutos. Román es el cerrojo de este proyecto.
En la defensa es donde vemos esa mezcla tan curiosa de veteranía y absoluta juventud que tanto me gusta analizar. Ximo Navarro aportará el oficio y el brazalete desde el lateral derecho, permitiendo que Altimira juegue unos metros más adelantado. En la izquierda, Quagliata repetirá titularidad mientras Angeliño termina de ponerse a tono físico. Pero ojo al centro de la zaga: con Loureiro todavía falto de ritmo tras un verano casi inédito, la responsabilidad recaerá de nuevo en Lucas Noubi y Bright Ede. Hablamos de una pareja de centrales con una media de 20 años. Sí, han leído bien, 20 años en la élite. Una apuesta valiente que tendrá enfrente un hueso duro de roer con el tridente malaguista formado por Larrubia, Chupe y Joaquín Muñoz.
La sala de máquinas y el factor Aubameyang
Para dominar el partido, el Dépor confía ciegamente en la dupla que forman Mario Soriano y Amatucci en el doble pivote. Son dos futbolistas con un trato exquisito de balón, pero que esta vez tendrán que ponerse el mono de trabajo. El Málaga de Funes propone un fútbol valiente y muerde por dentro con un centro del campo muy dinámico liderado por Dani Lorenzo, Carlos Dotor e Izan Merino. Ahí se va a librar una batalla táctica preciosa. Si Hidalgo ve que el agua le llega al cuello y necesita cemento en la medular, tiene la opción de dar entrada a Villares —que ha estado controlando cargas esta semana— sacrificando al danés Jensen en banda.
Arriba, la dinamita tiene nombres propios. Arribar a Primera y contar con Pierre-Emerick Aubameyang es jugar con cartas marcadas. El gabonés ya dejó su sello con un golazo espectacular en la primera jornada y parece entenderse a las mil maravillas con Bil. Lo de este último es una de esas historias románticas que nos regala el deporte: hace apenas un año corría por los campos de Segunda RFEF y hoy se codea con los defensas de la Liga EA Sports, impresionando a todos por su tremendo despliegue físico. Yeremay, que todavía no está al cien por cien, esperará su oportunidad desde el banquillo como un recurso de lujo para revolucionar el choque en la segunda mitad.
Consecuencias de un duelo directo por la tranquilidad
No nos engañemos, aunque estemos en la segunda jornada, este partido tiene un peso psicológico tremendo para el devenir del campeonato. Volver de Málaga con un botín de cuatro puntos en el casillero daría al Deportivo una tranquilidad bárbara para afrontar el exigente calendario que se avecina. Por el contrario, una derrota encendería las primeras alarmas sobre la excesiva juventud de la zaga y la falta de rodaje de piezas clave como Angeliño o Loureiro.
Para el Málaga, jugar en casa ante un rival directo por la permanencia es una obligación de sumar de a tres si no quieren verse abajo desde el primer suspiro. Nos espera un partido de alta tensión, de esos donde los detalles y el acierto en las áreas deciden el guion. Toca ver si la juventud deportivista se impone al ímpetu de La Rosaleda.
Habrá que estar muy atentos a cómo gestiona Hidalgo los cambios en la segunda mitad si el partido se pone cuesta arriba.

















