El Atlético de Madrid y el Villarreal firmaron un empate 2-2 de locos en el Riyadh Air Metropolitano en la segunda jornada de LaLiga. En una tarde marcada por la enorme tensión en la grada con Julián Álvarez, el equipo colchonero se sobrepuso a un vendaval que incluyó dos penaltis en contra y la expulsión de Robin Le Normand.
Yo sigo dándole vueltas a lo que pasó en la segunda parte, porque fue un auténtico torbellino. Marc Pubill abrió la lata en el minuto 59 con un zurdazo espectacular desde la frontal que se coló por el palo largo de Luiz Júnior. Parecía que el partido se ponía de cara, pero el Villarreal reaccionó de inmediato. Primero, Gerard Moreno empató desde los once metros en el 65 tras un penalti de Morten Hjulmand sobre Tajon Buchanan. Diez minutos después, Robin Le Normand cometió otra pena máxima sobre Georges Mikautadze que le costó la tarjeta roja tras la revisión del VAR. El propio delantero georgiano firmó el 1-2 en el 78, pero Giuliano Simeone rescató un punto de oro en el 85 con una gran definición tras un pase filtrado por Álex Baena.
El polvorín de Julián Álvarez y un Metropolitano dividido
Quienes me leéis a menudo sabéis que no me gusta exagerar, pero lo que se vivió con Julián Álvarez en el Metropolitano roza el drama teatral. El delantero argentino saltó al campo en el minuto 66, en medio de una triple sustitución de Diego Simeone que buscaba agitar el árbol. La respuesta de un sector de la grada no se hizo esperar: una sonora pitada y cánticos contundentes pidiendo su salida inmediata. «Dile que se vaya, de una puta vez», se llegó a escuchar con fuerza en el estadio. La tensión es tan evidente que el jugador se marchó al vestuario sin saludar al público al terminar el partido, un gesto que, según trascendió después, fue una decisión directa del club para evitar males mayores.
En el plano puramente deportivo, a Julián se le vio desconectado. Jugó apenas 25 minutos y solo dispuso de una ocasión clara, acusando lógicamente todo el ruido extradeportivo que rodea su figura en estas semanas de mercado. Tras el pitido final, tanto el vestuario como el cuerpo técnico salieron en su defensa. Jan Oblak fue muy claro al respecto: «Mientras Julián esté, le vamos a apoyar; ojalá se resuelva y estemos felices». Por su parte, el «Cholo» Simeone mandó un mensaje de unidad marca de la casa: «¿Julián? Mientras los jugadores estén en el Atlético, a muerte con ellos». Es evidente que esta situación es incómoda para todos y necesita una resolución urgente si el equipo quiere centrarse en competir.
Las consecuencias de la batalla frente al «Submarino»
Más allá del ruido mediático, el partido nos dejó varias lecturas tácticas y consecuencias directas para los próximos compromisos del Atlético. La peor noticia para Simeone es, sin duda, la expulsión de Robin Le Normand. El central francés sufrió muchísimo a la espalda durante todo el encuentro, viéndose superado en velocidad por Mikautadze y Ayoze Pérez. Su expulsión en el minuto 75, tras un empujón sobre el propio ariete georgiano que el VAR tuvo que revisar para que Hernández Hernández señalara el penalti, obligará al técnico a recomponer la zaga en la próxima jornada. La entrada de José María Giménez en el tramo final sirvió para tapar vías de agua, pero el uruguayo ya vio una amarilla por frenar una contra y tendrá que asumir galones.
También hay que hablar de los nuevos. Morten Hjulmand demostró personalidad en la distribución, pero pecó de inocente en la acción del primer penalti sobre Buchanan. Como bien sabemos, en nuestra Liga los forcejeos en el área se castigan con severidad, y el danés pagó la novatada. La balanza positiva la pusieron Marc Pubill, que además de su golazo al estilo de los mejores delanteros cuajó un partido defensivo imperial salvando una ocasión cantada, y un Giuliano Simeone que es puro pundonor. El «Cholito» le da al equipo esa energía que a veces le falta, y su desmarque en el 2-2, aprovechando una gran conducción y asistencia de Baena, es de esos goles que construyen dinámicas positivas en un vestuario.
El Villarreal de Marcelino demostró ser un equipo muy serio, que sabe a lo que juega y que generó hasta 13 disparos (6 a puerta) obligando a Oblak a realizar intervenciones de mucho mérito. Al final, un punto para cada uno que deja la sensación de que el Atlético tiene fútbol para pelear arriba, pero que necesita apagar los incendios internos cuanto antes para no perder el paso de la cabeza de la tabla.
Toca abrocharse los cinturones, porque la temporada no ha hecho más que empezar y el Metropolitano ya está a una temperatura volcánica.

















