El SD Eibar ha inaugurado oficialmente este viernes Areitio, su nueva Ciudad Deportiva y bautizada internamente como la ‘Joya de la Corona’. Tras 84 años de historia, el club armero estrena por fin unas instalaciones propias de máximo nivel que unificarán a toda su estructura deportiva y pondrán fin a la dispersión geográfica de sus entrenamientos.
La obra es el resultado de un proyecto cocinado a fuego lento por el Consejo de Administración durante casi una década, con una inversión que supera los 30 millones de euros. El complejo se extiende por 11 hectáreas y cuenta con cinco campos de fútbol —dos de césped natural y tres de césped artificial—, además de un edificio de alto rendimiento exclusivo para el primer equipo. Al acto de inauguración acudieron figuras institucionales como Imanol Pradales, Javier Tebas, Rafael Louzán y Beatriz Álvarez. Durante la presentación, la presidenta Amaia Gorostiza dejó clara la trascendencia de la obra: «Areitio es el lugar donde este club se forma, desde el primer balón que toca un niño o una niña con ocho años, hasta el último entrenamiento antes de un partido».
¿Qué significa este salto para el Eibar?
Yo esto lo veo como un antes y un después absoluto para la entidad. Si has seguido al Eibar de cerca en los últimos años, sabrás que su gran caballo de batalla histórico ha sido la falta de campos propios. Entrenar hoy en un sitio y mañana en otro no es lo ideal cuando compites en el fútbol profesional. Atrás quedan los días de peregrinar de forma habitual por Atxabalpe, Unbe o el Anexo, por no hablar de campos clásicos en el recuerdo de la afición como Txantxa Zelai, Lerun o Agorrosin.
Tener a todo el club concentrado en un mismo espacio facilita enormemente el trabajo diario. Para una estructura humilde pero de gestión impecable como la armera, disponer de dos campos de hierba natural en perfectas condiciones y tres de artificial para el fútbol base es un salto competitivo tremendo. El rendimiento de un equipo se construye en el día a día, y ahora el cuerpo técnico cuenta con un laboratorio de primer nivel para preparar los partidos con la máxima estabilidad posible.
De la dispersión al alto rendimiento
La clave de estas instalaciones está en ese edificio exclusivo de alto rendimiento. En el fútbol moderno, los detalles invisibles ganan puntos: la preparación física específica, la nutrición controlada, la recuperación tras el esfuerzo y la comodidad de tener los servicios médicos en el mismo lugar de trabajo. Pasar de instalaciones municipales o cedidas a un entorno propio de 11 hectáreas optimiza cada minuto de la plantilla y reduce el desgaste de los desplazamientos diarios.
Además, a nivel institucional, este paso consolida el futuro del club. Aunque Ipurua siga siendo el templo sagrado de los fines de semana —como bien recordó la presidenta al matizar que no se estaba inaugurando un estadio—, Areitio pasa a ser el pulmón que alimentará al club durante las próximas décadas. Se trata de un patrimonio tangible de más de 30 millones de euros que se queda en el club, garantizando su crecimiento estructural al margen de los resultados deportivos inmediatos.
A partir de ahora, el balón dictará sentencia sobre el césped, pero la base de operaciones del Eibar ya es, por derecho propio, de Primera División. Habrá que estar muy atentos a cómo se traduce esta estabilidad diaria en el rendimiento del equipo durante las próximas jornadas.

















