A Michael Carrick ya le están moviendo la silla en Old Trafford y solo llevamos seis partidos de temporada. El técnico del Manchester United ha salido al paso de los rumores sobre su destitución tras un arranque bastante gris, calificando de «ridículo» que se dude de su continuidad a estas alturas de la película y pidiendo paciencia para revertir la situación.
La realidad, las cosas como son, no pinta bien sobre el papel. El United marcha decimotercero en la Premier League con solo cuatro puntos de doce posibles, y acumula tres derrotas en seis encuentros oficiales. Las dos últimas han dolido especialmente en casa: cayeron en el derbi ante el City por la mínima (0-1) con un gol de Erling Haaland que debió ser anulado, y consumaron un desastre en la Copa de la Liga ante el Brighton, donde se dejaron remontar un 2-0 a favor para acabar eliminados por 2-3 ante su propia gente. Con este panorama, el técnico de 45 años ha tenido que ponerse el escudo en rueda de prensa antes de visitar este domingo al Fulham de Álvaro Arbeloa.
¿Fuego real o alarma exagerada en Old Trafford?
Yo esto lo veo con perspectiva. Cuando entrenas al Manchester United, cada tropiezo se magnifica como si fuera el fin del mundo. Carrick lo sabe de sobra de su etapa como jugador en el club, y por eso ha querido rebajar las pulsaciones en su última comparecencia. «No es una catástrofe ni un desastre; no es el fin del mundo», aseguró con una tranquilidad que a muchos les habrá sorprendido. El técnico inglés tiene claro que los proyectos no se pueden destruir por un par de tardes malas, argumentando que el plazo para juzgar su trabajo va mucho más allá de los resultados de uno o dos partidos de fútbol.
Y razón no le falta en el fondo, pero en el fútbol de élite el tiempo es un recurso carísimo que casi nadie está dispuesto a regalar. Lo que de verdad me gusta de su discurso es que no se ha escondido detrás de las excusas. Podría haber llorado por el gol ilegal de Haaland en el derbi o culpar a la mala suerte por la remontada del Brighton, pero ha preferido asumir el golpe en primera persona: «Es mi responsabilidad y lo asumo perfectamente». Eso es de ser un tío noble, pero el liderazgo en el banquillo se demuestra encontrando soluciones tácticas sobre el césped, no solo asumiendo culpas en la sala de prensa.
El principal problema del United ahora mismo es de mandíbula. Un equipo que aspira a estar arriba no puede permitir que el Brighton le levante un 2-0 en su propio estadio en dieciseisavos de final. Demuestra que, en cuanto el rival le aprieta las tuercas, el sistema defensivo se desmorona. Sí, le metieron cinco al recién ascendido Ipswich en liga y cuatro al Sabah de Azerbaiyán en competición europea, pero cuando el nivel de exigencia sube un peldaño, el equipo de Carrick sufre una barbaridad para mantener el equilibrio.
El examen de Craven Cottage ante el Fulham de Arbeloa
La próxima parada en el calendario no va a ser precisamente un paseo por el parque. Este domingo toca visitar al Fulham, un equipo que está bajo la batuta de Álvaro Arbeloa. Para Carrick, este partido es una final anticipada si quiere apagar el incendio antes de que se vuelva incontrolable. Perder o volver a dar una imagen de fragilidad defensiva en Londres haría que el ruido exterior pasara de molesto a ensordecedor, por mucho que el técnico insista en que pensar en su despido es algo que «simplemente no está sobre la mesa».
Para salir del bache, el United necesita recuperar la solidez atrás y dejar de depender de ramalazos individuales en ataque. Los triunfos contundentes ante rivales menores sirvieron para maquillar las dudas iniciales, pero la realidad de la competición es implacable. En Craven Cottage veremos si la plantilla de verdad respalda el discurso de calma de su entrenador o si las costuras del equipo se siguen abriendo ante la presión.
Habrá que estar muy atentos a cómo plantea Carrick el partido del domingo. Los ojos de toda Inglaterra van a estar puestos en su banquillo, y en el fútbol, ya sabemos que las palabras de tranquilidad se las lleva el viento si el balón no entra en la portería contraria.

















