El Principado de Asturias se prepara para detenerse por completo. Este domingo por la noche, el Carlos Tartiere acogerá un nuevo asalto entre el Real Oviedo y el Real Sporting de Gijón, un derbi cargado de tensión que regresa tras un año entero sin enfrentamientos directos. El técnico sportinguista, Nicolás Larcamón, ya siente el cosquilleo de su debut en una cita que ha calificado como una de las más pasionales de todo el continente.
Para el entrenador argentino, la fecha del derbi no es una sorpresa de última hora. «Cuando llegamos ya estaba marcado en el calendario», admitió Larcamón en las instalaciones de Mareo. Con un amplio rodaje en los banquillos de Sudamérica, donde la pasión a veces desborda los límites de la razón, el míster del Sporting no dudó en colocar este duelo en el mapa futbolístico mundial: «Es uno de los derbis más pasionales de España. Me atrevo a decir que hasta de Europa. No muchos tienen todo lo que rodea a este partido». Una declaración que demuestra que, aunque acabe de aterrizar, sabe perfectamente dónde se está metiendo.
Qué significa debutar en un Tartiere hirviendo
Yo siempre he pensado que los derbis son partidos donde la pizarra táctica sirve para los primeros cinco minutos; después, lo que manda es el estómago y la cabeza fría. Y ahí es donde el Sporting se enfrenta a un examen de madurez tremendo. Larcamón no estará solo en su estreno en el banquillo del Tartiere; le acompaña una legión de futbolistas que jamás han sentido la presión de un derbi asturiano sobre el césped.
Hablamos de una reconstrucción casi total que se somete a la prueba del algodón más exigente. Caras nuevas como Egoitz Arana, Pablo Vázquez, Andrés Cuenca, Duñabeitia, Emanuel Gularte o Jorge Sáenz tendrán que aprender por la vía rápida lo que significa esta rivalidad. A ellos se suman Álex Corredera —que ya ha avisado de que van «muy en serio»—, Manu Rodríguez, Mamadou Loum, Nikita Iosifov, Antonio Casas y Alejo Sarco. Doce futbolistas en total que podrían debutar en el gran día. Es una barbaridad de debutantes para un partido donde cada error se magnifica por mil.
La consecuencia de esto es clara: el Sporting se presenta en Oviedo con un bloque lleno de talento, pero con un déficit evidente de experiencia en este tipo de batallas. Si el Tartiere aprieta desde el calentamiento, la fortaleza mental de estos nuevos fichajes determinará si el equipo compite o se desmorona ante el ruido ambiental.
El antídoto de Mareo para templar los nervios
¿Cómo se compensa tanta inexperiencia en un escenario tan hostil? Larcamón lo tiene claro, y la respuesta está en casa. El técnico argentino sabe que la identidad no se compra en el mercado de fichajes, sino que se cultiva en el barro de la cantera. «Tenemos la fortuna de tener a muchos jugadores canteranos que lo sienten y lo han vivido durante años», explicaba el míster.
Esos chicos criados en Mareo son los que deben ejercer de guías espirituales en el vestuario durante las horas previas. Son los encargados de explicarles a los recién llegados que este partido no se empieza a ganar el domingo a las nueve de la noche, sino en cada conversación de la semana, sintiendo el aliento de una afición que lleva un año esperando este momento. El papel de la vieja guardia sportinguista será vital para traducir la tensión en motivación positiva y evitar que los debutantes se quemen antes de que ruede el balón.
Por el lado azul, el Oviedo ya ha dejado claro que no va a hacer prisioneros. Las palabras de su capitán, Dani Calvo, asegurando que saldrán «a matar», son el aviso definitivo de lo que le espera al Sporting. El derbi asturiano ha vuelto, y lo hace con todos los ingredientes para ser memorable.
Habrá que estar muy atentos a cómo gestiona Larcamón las emociones de sus hombres en los primeros compases del choque. El pitido inicial marcará el inicio de noventa minutos donde la pasión, como bien dice el técnico, lo inundará absolutamente todo.




















