A veces el fútbol premia a quien de verdad se lo curra, y el último ejemplo de ello lo tenemos en Zubieta. Álex Marchal, el extremo navarro que está tirando la puerta abajo con el Sanse, ha sido convocado por la selección española sub-20 para el amistoso contra México del próximo miércoles 30 de septiembre. Un premio gordo a su tremendo inicio de temporada.
La llamada de Paco Gallardo no es fruto de la casualidad, sino de un rendimiento sostenido que ya reclamaba focos a gritos. Marchal se unirá a un grupo de 22 futbolistas de la generación de 2007, un bloque con una pinta espectacular que incluye a varios campeones del Europeo sub-19. El partido se jugará en el Cerro del Espino de Majadahonda a las 20:30 horas, pero el plan de trabajo arranca bastante antes, con dos días de entrenamientos previos en Madrid para acoplar las piezas de un equipo que promete darnos muchas alegrías en el futuro.
Una generación de oro para arropar al navarro
A mí, que me encanta analizar cómo se cocinan estos proyectos de cantera, me parece que Marchal va a estar rodeado de lo mejorcito de su edad. No es una convocatoria cualquiera para rellenar calendario. Compartir vestuario con nombres de la talla de Jesús Fortea, Andrés Cuenca, Jorge Salinas, Thiago Pitarch, Carlos Maciá, Ousmane Diallo, Dani Yáñez o Quim Junyent es una prueba de fuego y, al mismo tiempo, un escaparate tremendo. Muchos de ellos ya saben lo que es tocar metal en categorías inferiores con la camiseta nacional.
Para Marchal, este paso adelante supone medirse en el día a día con chicos que ya están llamando con fuerza a las puertas de los primeros equipos de la élite de nuestro fútbol. El extremo navarro aporta ese desparpajo, velocidad y desborde que tanto gustan a los seleccionadores en las bandas. Es ese perfil de extremo puro, de los que ya no abundan en el fútbol moderno sobrecargado de centrocampistas reconvertidos, capaz de romper un partido cerrado en una baldosa.
El rompecabezas del calendario para Marchal
Ahora bien, miremos el reverso de la moneda, que es donde a mí me gusta meter el bisturí. El calendario para el chaval va a ser un auténtico encaje de bolillos durante los próximos días. El fútbol modesto no da tregua y el Sanse se juega las habichuelas en cada jornada de la categoría. De entrada, este mismo sábado Marchal tiene que ponerse el mono de trabajo para la compleja visita al colista, el Ceuta. Un partido trampa a domicilio de esos que curten a los canteranos en campos difíciles.
Nada más pitar el final en el Alfonso Murube, el navarro no tendrá tiempo ni para asimilar el viaje. El domingo ya debe estar concentrado en Madrid a las órdenes de Gallardo. Lunes y martes serán de entrenamientos intensos, el miércoles llegará el choque contra México y, a partir de ahí, empieza otra carrera contrarreloj para volver a la disciplina del filial donostiarra. Un ritmo frenético que demuestra que, en el fútbol de nivel, el descanso es un lujo que pocos jóvenes se pueden permitir cuando la oportunidad de su vida pasa por delante.
El peaje con el primer equipo de Matarazzo
Esta acumulación de kilómetros y minutos tiene una consecuencia directa e inevitable que afectará a sus opciones con los «mayores». El viernes posterior al amistoso de la sub-20, la Real Sociedad se mide al Athletic Club en el tradicional duelo de la Euskal Herria Txapela. A mí me consta que para un chaval de Zubieta estar en la lista de Matarazzo para un derbi, aunque sea de carácter amistoso, es un caramelo que nadie quiere dejar escapar.
Sin embargo, las piernas tienen un límite físico. Jugar el miércoles por la noche en Majadahonda imposibilita por completo que Marchal pueda formar parte de la convocatoria del técnico del primer equipo para el viernes. Es el peaje logístico de ir con España. La parte positiva es que, si no hay ningún contratiempo en forma de lesión, el extremo no debería tener problemas para reincorporarse al Sanse de cara al siguiente fin de semana, donde el filial se verá las caras con el Granada. Mantenerlo sano y fresco es vital para los planes del filial, que necesita su chispa para seguir creciendo en la tabla.
Habrá que seguir muy de cerca el rendimiento de Marchal tanto en Majadahonda como en su regreso a Zubieta. El salto de calidad está ahí, y la selección es solo la primera parada de un camino que apunta muy alto.




















