El Atlético de Madrid C se ha llevado un derbi de filiales vibrante en Majadahonda al derrotar por 2-0 al Real Madrid C. El equipo dirigido por Ruano supo sufrir en la primera mitad ante el empuje madridista y sentenció a la contra tras el descanso gracias a los goles de Trujillano y Gross, además de un estelar Álvaro Moreno bajo palos.
A ver, que no os engañe el marcador final. Si miramos solo el 2-0, parece que fue un paseo militar rojiblanco, pero la realidad sobre el césped de El Cerro fue muy distinta. El Real Madrid C, que plantó en su once inicial a siete campeones del mundo de la categoría, dominó el ritmo del juego durante gran parte del primer tiempo. Los chicos de Marc Carrasco apretaron de lo lindo y rondaron el gol con ocasiones claras de Díez y Santamaría. Sin embargo, la pegada y la resistencia defensiva marcaron la diferencia. Trujillano destrabó el partido en el minuto 32 con un latigazo tremendo desde la frontal del área que se coló por toda la escuadra de Voloshyn. Un auténtico golazo de esos que te levantan del asiento. A partir de ahí, emergió la figura de Álvaro Moreno, el portero colchonero, que se convirtió en una auténtica pesadilla para los delanteros blancos antes de marcharse al vestuario.
En la reanudación, Ruano movió ficha en la pizarra y el decorado cambió por completo. El Atlético C se plantó mucho mejor sobre el terreno de juego, cerró las vías de agua en el medio y empezó a castigar con transiciones rápidas. Tena y Vega avisaron primero, obligando al meta visitante a lucirse, pero la sentencia llegó de la mano de Gross, que había saltado al campo en la segunda parte. El atacante culminó una contra perfecta rematando al segundo palo para poner el definitivo 2-0 y certificar que los tres puntos se qan en casa.
El muro de Moreno y la sequía blanca
Yo esto lo veo muy claro: los partidos no los gana solo quien tiene la posesión, sino quien domina las áreas. Y ahí el Atlético C dio un clínic. Lo de Álvaro Moreno bajo los tres palos fue un auténtico escándalo. El guardameta rojiblanco desbarató cada intento del Madrid C, incluyendo un mano a mano con Lacosta y un desvío providencial que acabó estrellándose en el larguero tras un remate de Santamaría. Cuando tienes un portero en ese estado de gracia, el equipo juega con una red de seguridad gigante.
La otra cara de la moneda es la preocupante situación del Real Madrid C. El proyecto de Marc Carrasco no termina de arrancar en este inicio de campaña. Tras tres jornadas disputadas, el segundo filial madridista sigue sin conocer la victoria y, lo que es más grave para un equipo con tanto talento arriba, todavía no ha estrenado su casillero de goles a favor. Siete campeones mundiales sobre el verde deberían traducirse en mayor colmillo ofensivo, pero la falta de puntería y la ansiedad les están pasando una factura muy cara.
Por contra, los de Ruano vuelan alto. Con un balance de tres victorias y una sola derrota, el filial colchonero se asienta con total merecimiento en la zona noble de la clasificación. Saben sufrir cuando toca, defienden con el cuchillo entre los dientes y penalizan cada error del rival con transiciones eléctricas. Un sello cien por cien reconocible.
La trilogía de los derbis busca su broche de oro
Este triunfo no es uno más para la cantera rojiblanca. Viene a refrendar el gran momento de forma de la entidad en los duelos directos contra el eterno rival. Tras la victoria del primer equipo el domingo en el Metropolitano, este triunfo del segundo filial en Majadahonda consolida un fin de semana redondo para la parroquia atlética en los derbis madrileños.
Pero ojo, que la historia no termina aquí. La atención se traslada ahora al próximo viernes, donde el Atlético Madrileño de Fernando Torres tendrá la oportunidad de cerrar lo que ya muchos llaman la «trilogía de los derbis». Los chicos del «Niño» se verán las caras contra el Real Madrid Castilla en el Alfredo Di Stéfano. Veremos si los colchoneros logran el pleno o si el filial blanco consigue frenar la sangría en su propio feudo.
De momento, la alegría va por barrios, y en Majadahonda tienen motivos de sobra para sonreír. Toca seguir remando, pero con porteros que paran todo y delanteros con la pólvora seca, el camino siempre se hace un poco más cuesta abajo.




















