España quiere la gran final del Mundial 2030 en casa y la afición ya se ha puesto en marcha para conseguirlo. Aficiones Unidas ha lanzado una gran campaña de movilización nacional para que el partido más importante del torneo del centenario se juegue en nuestro país, arrancando este mismo martes en Sevilla durante el España-Croacia.
La iniciativa se ha presentado oficialmente este lunes en el Montepío de Conductores de Sevilla, en un acto liderado por José Antonio Hidalgo y arropado por representantes de las peñas del Real Betis y el Sevilla FC. El despliegue es gigantesco: hablamos de la implicación de 33 Federaciones de Peñas que aglutinan a más de 4.000 colectivos y representan a unos 400.000 peñistas de todo el territorio nacional. Para empezar a hacer ruido, este martes en el Sánchez-Pizjuán se repartirán 10.000 bufandas informativas y se inundarán las redes sociales bajo los lemas #2030lafinalenEspaña y #2030thefinalinSpain. Todo un frente común que busca hacer sentir la presión de la calle a los despachos de la FIFA.
¿Por qué hace falta esta presión popular?
Yo esto lo veo muy claro: organizar un Mundial a seis bandas es un rompecabezas logístico y político sin precedentes. Recordemos que la cita de 2030 se repartirá entre España, Portugal y Marruecos, con el añadido de los partidos inaugurales en Uruguay, Argentina y Paraguay para conmemorar el centenario de la competición. Con tanta bandera junta en el mismo barco, el verdadero botín político y deportivo no es solo albergar partidos, sino quedarse con la guinda del pastel: el partido por el título.
Marruecos lleva meses moviéndose muy bien en los despachos y construyendo infraestructuras faraónicas con el único objetivo de arrebatarle la final a las opciones españolas. En este escenario, la diplomacia deportiva no basta. Hace falta que se note que el país respira fútbol y que la afición española, una de las más apasionadas y mejor organizadas del planeta, reclama lo que por peso histórico y capacidad organizativa le corresponde.
Que la campaña empiece precisamente en Sevilla, durante un partido de la Selección ante un rival de la entidad de Croacia, no es ninguna casualidad. Es el escaparate perfecto. El Sánchez-Pizjuán es un estadio con solera, de esos donde el fútbol se vive con el estómago, y sirve como el trampolín ideal para que el mensaje resuene en toda Europa. Si queremos que la FIFA mire hacia aquí, la grada tiene que hablar primero.
La fuerza de 400.000 gargantas unidas
A veces tendemos a infravalorar el peso de las peñas en el fútbol moderno, pensando que el deporte rey ahora solo se mueve por contratos de televisión y palcos VIP. Pero la realidad es que el alma de este juego sigue estando en la gente que viaja, que se gasta el sueldo en seguir a su equipo y que genera ese ambiente que luego compran las televisiones de todo el mundo. Que 33 Federaciones de Peñas se pongan de acuerdo, dejando a un lado las lógicas rivalidades del día a día de nuestra liga, es un hito que demuestra lo mucho que nos jugamos.
Ver a peñistas del Betis y del Sevilla compartiendo mesa y cartel de presentación en el Montepío de Conductores es el mejor ejemplo de que esta causa trasciende los colores locales. Si béticos y sevillistas pueden unirse para empujar en la misma dirección, cualquier cosa es posible. Esa es la verdadera fuerza que Aficiones Unidas quiere trasladar a las instituciones.
El marco deportivo idóneo
Además, el momento deportivo no podría ser más propicio. El partido contra Croacia no es un compromiso cualquiera; es una prueba de fuego para el bloque que dirige Luis de la Fuente. En plena fase de rodaje y con la exigencia siempre al máximo, la Selección necesita sentir el calor de su público más que nunca. Un Sánchez-Pizjuán encendido, no solo apoyando a los once que salten al césped sino reclamando con orgullo el protagonismo de España para 2030, enviará un mensaje atronador tanto a la UEFA como a la FIFA.
A partir de mañana, la pelota está en el tejado de la grada del Sánchez-Pizjuán y en las pantallas de nuestros teléfonos. Veremos si este primer empujón sirve para inclinar la balanza de una final que España necesita y merece.




















