A Cristiano Ronaldo se le está haciendo cuesta arriba el inevitable paso del tiempo. El capitán de Portugal ha desatado una tormenta en su país tras la victoria por 1-2 ante Noruega. A pesar de haber prometido públicamente que aceptaría un rol secundario en el equipo, el delantero se marchó enfadado al vestuario sin celebrar el triunfo ni saludar a los aficionados desplazados a Oslo.
Yo esto lo veo como el clásico choque entre el ego de un gigante histórico y la cruda realidad del fútbol de selecciones. El partido contra los vikingos terminó con un valioso 1-2 para los lusos, pero la imagen que ha encendido el debate no fue la de los tres puntos, sino la de Cristiano enfilando el túnel de vestuarios con cara de muy pocos amigos. No jugó ni un solo minuto. Y claro, cuando estás acostumbrado a ser el sol alrededor del cual gira todo el sistema solar, quedarte en el banquillo a oscuras escuece. Lo peor no fue el enfado individual, sino el desplante colectivo: no se quedó a festejar con sus compañeros en el césped y esquivó por completo a la marea de aficionados portugueses que se habían dejado la garganta en la grada.
Lo curioso de todo esto es que la película era muy diferente hace apenas una semana. En la previa del duelo contra Gales, donde sí fue titular, Cristiano compareció en rueda de prensa junto al seleccionador, Jorge Jesus. El técnico, que le conoce al dedillo, fue honesto delante de los micrófonos: admitió que el ex del Real Madrid jugaría ese día, pero dejó claro que los tiempos de la titularidad indiscutible habían pasado a la historia. Cristiano, con una sonrisa de compromiso, asintió y dejó una frase para la posteridad: «Mientras sienta que puedo ayudar y que soy importante, estaré aquí. Da igual el tiempo de juego, quiero que Portugal gane». Pues bien, las palabras se las llevó el viento del norte en Oslo.
El precio de los 1.000 goles y la gestión del ego
A sus 41 años, Cristiano Ronaldo sigue siendo un competidor feroz, casi patológico en el buen sentido de la palabra. Tiene una obsesión entre ceja y ceja que es perfectamente comprensible: alcanzar la mítica cifra de los 1.000 goles como profesional. El problema surge cuando esa meta individual choca de frente con las necesidades de reconstrucción de una selección nacional. Jorge Jesus lo sabe y está intentando hacer una transición suave, pero gestionar a un mito viviente en el ocaso de su carrera es probablemente el trabajo más difícil del fútbol moderno.
Que Portugal gane 1-2 en un campo complicado como el de Noruega sin que su máxima estrella toque el césped es una noticia fantástica para el colectivo, pero un golpe directo al orgullo de Cristiano. Demuestra que hay vida más allá de su figura. El enfado del delantero no es solo por no jugar; es el miedo escénico a volverse irrelevante en el equipo de su vida. Sin embargo, saltarse el protocolo de agradecer el apoyo a los aficionados que viajan miles de kilómetros es una línea roja que en Portugal no ha sentado nada bien. En el fútbol actual, el respeto a la grada es innegociable, te llames como te llames.
La patata caliente de Jorge Jesus ante Dinamarca
La pelota está ahora en el tejado de Jorge Jesus. El seleccionador no es de los que se arrugan ante los nombres propios, y sus declaraciones tras el partido en Oslo lo dejan muy claro: «Voy a hablar con él. La selección es la selección. No podría explicar por qué no lo hizo». No hubo paños calientes ni excusas baratas de vestuario. Jesus sabe que si deja pasar este desplante, perderá la autoridad ante el resto del grupo.
El próximo compromiso ante Dinamarca se presenta como un examen de madurez para ambas partes. ¿Volverá Cristiano al once titular solo para calmar las aguas, o mantendrá Jorge Jesus su pulso táctico priorizando el rendimiento colectivo? Si Cristiano quiere de verdad ayudar a su país a ganar, tendrá que demostrar que su palabra en aquella rueda de prensa tiene valor real. El camino hacia los 1.000 goles no puede pavimentarse a costa de la armonía de un vestuario entero.
Habrá que estar muy atentos a la alineación del próximo partido para ver quién gana este pulso de titanes.




















