Kylian Mbappé ha vuelto a meterse en un charco extradeportivo en pleno proceso de recuperación. El delantero del Real Madrid, que abandonó la concentración de la selección francesa por una lesión de rodilla, ha sido visto en París de cena y fiesta con su pareja, Ester Expósito, tras ausentarse de los entrenamientos en la ciudad deportiva madridista.
El lío se destapó este miércoles por la noche. Mientras sus compañeros de equipo, incluidos los que también arrastran molestias físicas, se ejercitaban en las instalaciones de Valdebebas, las cámaras pillaron al astro francés en un conocido restaurante y posteriormente en la discoteca parisina Boum Boum junto a la actriz española. Todo esto ocurre apenas unos días después de que Mbappé dejara la concentración de los ‘bleus’. El delantero se lesionó la rodilla el pasado viernes en el partido contra Turquía, correspondiente a la Nations League. Allí anotó el gol que dio el triunfo a los suyos, pero acabó doliéndose sobre el césped, pidió la asistencia médica de inmediato y fue sustituido en el minuto 59. Aunque las pruebas médicas descartaron una dolencia de extrema gravedad, su viaje relámpago a París ha levantado ampollas en el entorno del club blanco.
¿Qué significa esto para el Real Madrid?
Aquí es donde yo veo el verdadero problema. No es que un futbolista no pueda cenar con su pareja, solo faltaría. El asunto es el mensaje que mandas al vestuario. Cuando estás lesionado, lo normal, lo que te pide el sentido común y lo que hacen el resto de lesionados de la plantilla, es meterte horas de gimnasio y camilla en Valdebebas para recortar plazos. Mbappé, en cambio, ha faltado a las instalaciones del club durante los dos últimos días de trabajo para cruzar el charco de vuelta a su país.
De cara al césped, la buena noticia para el conjunto blanco es que la lesión no parece descartarle por completo para el próximo compromiso liguero frente al Villarreal. Pero claro, preparar un partido de máxima exigencia sin pisar la ciudad deportiva mientras te graban en la noche parisina no es la mejor carta de presentación para ganarte a una afición exigente.
Para el cuerpo técnico, esto es un dolor de cabeza en la gestión del día a día. Manejar un vestuario de este nivel es un arte, y Mbappé parece empeñado en poner a prueba la paciencia de todos. Si el delantero llega a tiempo contra el Villarreal y rinde, la tormenta se disipará rápido, porque el fútbol tiene una memoria cortísima. Pero si el rendimiento físico no es el óptimo en los próximos partidos, este viaje a París va a ser el argumento perfecto para criticarle.
Un historial que empieza a preocupar
A mí esto no me pilla de nuevas, y seguro que a vosotros tampoco si seguís la actualidad del jugador. No es la primera vez que Kylian prioriza su agenda personal en plena recuperación física, desafiando la disciplina interna que se presupone en un club de esta exigencia.
El pasado mes de mayo ya vivimos un episodio casi idéntico. El delantero, también de baja por lesión en el tramo final de la temporada, decidió marcharse de vacaciones a Italia con Ester Expósito. Aquel 3 de mayo, la polémica estalló cuando su avión privado aterrizó en Madrid apenas doce minutos antes de que sus compañeros jugaran ante el Espanyol en Cornellá. Aquello ya generó un enorme revuelo, y repetir el patrón tan pronto demuestra que a Mbappé le cuesta medir el impacto de sus decisiones fuera del terreno de juego.
Ahora toca ver cómo reacciona el club y si hay consecuencias internas por estas ausencias en Valdebebas. De momento, la pelota está en el tejado de Mbappé, que tendrá que hablar donde mejor sabe hacerlo: en el campo de fútbol.




















