A estas alturas de la película, a mí ya me cuesta encontrar adjetivos nuevos para definir lo que hace Lamine Yamal cada vez que se calza las botas. El extremo volvió a dejar su sello en la victoria de España por 3-1 ante la República Checa en Oviedo, firmando una obra de arte que dejó boquiabierto a todo el Carlos Tartiere y, de paso, a su propia familia.
La genialidad del futbolista fue tan espectacular que ni en su casa se acostumbran a ver cosas así. Su hermano pequeño, Keyne, protagonizó la reacción de la noche al exclamar un espontáneo «¡Mama mía!» mientras veía la jugada. El momento familiar, lleno de naturalidad y orgullo, fue compartido por la madre del futbolista en sus redes sociales, demostrando que la magia de Lamine sigue pillando por sorpresa incluso a quienes comparten su ADN.
El vestuario se rinde a la evidencia
Yo esto lo veo muy claro: cuando tus propios compañeros de profesión se quedan con la boca abierta, es que estás jugando a otra cosa. Tras el pitido final, las reacciones no se hicieron esperar. Iván Fresneda fue de los más explícitos al analizar la acción del extremo ante los medios de comunicación con una frase que nos representa a todos: «He flipado con el gol de Lamine». Y es que el lateral sabe perfectamente lo difícil que es frenar ese tipo de recursos en el uno contra uno.
El ambiente que se vivió en Oviedo durante toda la concentración ya anticipaba una noche especial. Desde el baño de masas en la llegada al hotel hasta el recibimiento en el Nuevo Carlos Tartiere, la comunión de este grupo con la afición es total. Detalles como el cariñoso reencuentro de Pablo Amo abrazando a piezas clave como Rodri, al propio Lamine y al seleccionador Luis de la Fuente reflejan la tremenda salud de la que goza el ecosistema de la selección ahora mismo.
Sintonía total y relevo asegurado
Más allá de la genialidad individual que desatascó el encuentro, este partido nos deja lecturas colectivas muy interesantes. El cuerpo técnico de la absoluta y el de las categorías inferiores trabajan de la mano, algo que quedó patente con el encuentro entre Luis de la Fuente y Santi Denia en tierras asturianas. La escalera de talento de la selección no se detiene, como demuestra la incorporación de jóvenes como Carlos Espí a la dinámica de trabajo en Oviedo.
La victoria por 3-1 frente al combinado checo consolida las sensaciones de un bloque que mezcla veteranía y una insultante juventud sin perder un ápice de competitividad. Con futbolistas capaces de romper defensas cerradas con la facilidad que lo hace el extremo azulgrana, el camino hacia los próximos compromisos internacionales se ve con mucho optimismo.
Toca seguir disfrutando del crecimiento de un futbolista que no parece tener techo. La próxima cita de la selección nos dirá si Lamine Yamal tiene guardado otro truco en la chistera para seguir asombrando a rivales, compañeros y, por supuesto, a su hermano Keyne.




















