Javier Aguirre ya ejerce de general en Paterna. El técnico mexicano aterrizó este jueves en Valencia y, sin pasar por el hotel, se fue directo a la ciudad deportiva para dirigir su primer entrenamiento. El ‘Vasco’ asume el reto de rescatar a un equipo hundido en la penúltima plaza con solo cuatro puntos.
Aterrizó a las nueve y media de la mañana en Manises y dejó claro desde el primer minuto que no viene de turismo. Cuando le preguntaron si este banquillo será su «último baile» en el fútbol, tiró de su habitual ironía familiar: «Lo que diga Silvia, que es la que manda». Genio y figura. Pero más allá de las bromas con su esposa, Aguirre se puso serio al analizar el material que tiene entre manos. «La plantilla tiene calidad para no andar sufriendo», aseguró, convencido de que el nivel de los jugadores está muy por encima de lo que dice la clasificación actual.
Un parón de tres semanas para cambiar la cara al equipo
Yo siempre he pensado que los parones de selecciones son un dolor de cabeza para los entrenadores, pero a Aguirre este le viene caído del cielo. Tiene por delante tres semanas completas de trabajo antes de su debut oficial. Tres semanas sin la presión de competir el fin de semana, ideales para meter el bisturí en lo táctico, conocer a fondo el vestuario y, sobre todo, resetear las cabezas de unos futbolistas que venían muy tocados psicológicamente.
Y el mexicano no ha querido perder ni un segundo. Lo primero que ha hecho al llegar ha sido anular el plan que tenía la plantilla. Los jugadores esperaban tener libre el fin de semana, pero el ‘Vasco’ ha decidido que de eso nada: se entrena viernes y sábado, y solo se descansa el domingo. Es una declaración de intenciones clarísima. En Paterna se ha acabado la paz; toca ponerse el mono de trabajo desde el primer día si quieren salir del pozo.
Con solo cuatro puntos en siete jornadas, la situación del Valencia es límite. Aguirre sabe que el margen de error es mínimo y por eso se ha rodeado de su guardia de confianza, con Pol Llorente y Toni Amor ya integrados en el cuerpo técnico. La idea es exprimir al máximo estas sesiones físicas y tácticas junto a Braulio Vázquez para que el equipo llegue con otra cara al choque del próximo 11 de octubre frente al Racing de Santander en El Sardinero.
El contrato, la presentación y el factor Mestalla
El compromiso del técnico de 67 años es por una temporada, con opción a una segunda si las cosas funcionan. Es un acuerdo inteligente para ambas partes: el club se asegura la experiencia de un viejo zorro de los banquillos españoles para salvar los muebles, y el entrenador mantiene el control de su futuro. Su presentación oficial en Mestalla se ha fijado para el próximo lunes, pero para Aguirre los focos y las ruedas de prensa son lo de menos. Lo suyo es el césped, el vestuario y el día a día.
Llama la atención su motivación. Hablamos de un técnico con 15 temporadas a sus espaldas en nuestra Liga que, según sus propias palabras, se ha decidido por este reto por «la institución» y por «la historia» del club. Sabe perfectamente dónde se mete. Mestalla es una olla a presión, pero si alguien tiene las espaldas lo bastante anchas para aguantar esa tensión y canalizarla a favor del equipo, ese es el ‘Vasco’.
La era Aguirre ya ha comenzado en Paterna con más horas de trabajo y menos descanso. Habrá que ver si el efecto del mexicano es tan inmediato como su cambio de planes para el fin de semana.




















