El Almería dio un golpe de autoridad este domingo en Montilivi tras vencer por 0-1 al Girona y asaltar el liderato de Segunda División. Un solitario gol de Miguel de la Fuente mediada la segunda parte decidió un duelo tenso, directo y muy equilibrado, castigando la falta de puntería del conjunto catalán y confirmando el momento dulce de los andaluces.
La tarde arrancó con un nudo en la garganta antes del pitido inicial. Montilivi guardó un respetuoso y emotivo minuto de silencio en memoria de Jesús de Miguel, ‘Demi’, fallecido trágicamente a los 30 años. Sin música ni megafonía festiva, el estadio homenajeó al exfutbolista en una atmósfera sobrecogedora. Ya con el balón en juego, el choque respondió a lo esperado entre dos firmes candidatos al ascenso directo: mucha vigilancia táctica, pocos riesgos y máxima atención al mínimo detalle. Abel Ruiz avisó para los locales en el primer acto y Cipenga replicó con un disparo rozando la madera, en un choque donde nadie quería regalar un metro.
Eficacia de líder frente a la frustración local
Yo esto lo veo bastante claro: en partidos tan cerrados entre dos gallitos de la categoría, quien perdona lo acaba pagando en la cara. Y el Girona volvió a tropezar con la misma piedra de las últimas semanas. Tras la reanudación, los hombres de Quique Álvarez dieron un paso al frente y apretaron de lo lindo. De hecho, Abel Ruiz tuvo el 1-0 en un remate a quemarropa dentro del área pequeña, pero Andrés Fernández sacó una mano prodigiosa abajo para salvar a su equipo. Fue la jugada que cambió el guion.
Poco después, en el minuto 67, llegó el jarro de agua fría para Montilivi. En una jugada suelta en el área chica que la defensa local no acertó a despejar con contundencia, Miguel de la Fuente cazó el cuero y lo mandó a guardar. El Almería no necesitó acumular diez ocasiones claras para dañar a su rival; le bastó con oler la sangre en el momento preciso. Es esa madurez competitiva que diferencia a los equipos sólidos del resto.
A partir del gol, el partido se le hizo cuesta arriba al Girona. Quique metió toda la carne en el asador dando entrada a piezas ofensivas, pero la precipitación le ganó la partida a la paciencia. La tuvo clarísima el delantero ucraniano Vanat para poner las tablas en el tramo final, pero perdonó en boca de gol de forma casi inexplicable. Su posterior cambio fue recibido con algunos pitos por parte de la grada, reflejando el nerviosismo de una afición que ve cómo a su equipo se le escapan puntos vitales por una alarmante falta de pegada. Para colmo, el choque acabó con polémica por un penalti reclamado apasionadamente por los locales en la última acción del descuento que el colegiado Etayo no concedió.
Qué cambia en la zona alta de la tabla
Este resultado supone un punto de inflexión importante para ambos proyectos en la pelea por subir a Primera División. Para el Almería, los tres puntos logrados en tierras catalanas son el broche de oro a una racha impresionante: los de García Pimienta encadenan ya diez jornadas consecutivas sin conocer la derrota y duermen como flamantes líderes de la categoría. La sensación que transmite el cuadro andaluz es la de un bloque muy armado, capaz de sufrir cuando el partido se pone feo y de matar sin piedad cuando se le presenta la oportunidad.
En la otra cara de la moneda queda el Girona. Sumar la segunda derrota consecutiva empieza a encender pequeñas alarmas en el entorno blanc-i-vermell. No es un problema de juego ni de actitud, porque el equipo compite bien, genera llegadas y suele dominar fases largas de los encuentros. El problema es de resolución en las áreas: encaja en desatenciones puntuales y le cuesta un mundo transformar su volumen de ataque en goles reales. 10.006 espectadores presenciaron una derrota que obliga a Quique Álvarez a tocar las teclas adecuadas para recuperar la contundencia perdida.
Toca ver cómo encaja el Girona este bache en las próximas fechas y si el Almería es capaz de mantener el pulso y sostener esa solidez defensiva que le ha encaramado a lo más alto de la clasificación.




















