El Athletic de Bilbao se dejó dos puntos de oro en San Mamés tras empatar 1-1 contra un Elche que llegaba colista y herido. El gol de penalti de Facundo Buonanotte heló a la catedral a la vuelta del descanso, y aunque Álex Berenguer salvó un punto en el tramo final, la peor noticia para los de Edin Terzic fue la preocupante lesión de Iñaki Williams.
A ver, que la película empezó como a todos nos gusta en Bilbao: ritmo de rock and roll, Nico Williams desbordando, Oihan Sancet asomando por el balcón del área y su hermano Iñaki rozando el gol. Un auténtico vendaval rojiblanco. Pero en esto del fútbol, si perdonas la vida en la primera media hora, lo acabas pagando con intereses. El Elche de Sebastián Anselmi, que venía con el agua al cuello tras sumar apenas un punto de doce posibles, aguantó el chaparrón defensivo con un dibujo muy serio y dos novedades clave en el once: Víctor Chust y Roy Revivo. Al descanso nos fuimos con un injusto cero a cero que olía a trampa. Y vaya si lo fue. En la reanudación, un penalti evitable de Jesús Areso sobre Germán Valera permitió a Buonanotte fusilar a Unai Simón. A partir de ahí, el Elche montó un muro de cinco defensas y al Athletic se le apagaron las luces, hasta que Berenguer se inventó un centro-chut con más fe que puntería que acabó dentro de la red a falta de once minutos.
¿Qué significa este tropiezo para Athletic y Elche?
Para mí, el gran problema del Athletic de Terzic no es el punto perdido en casa, sino la factura física que deja la tarde. Iñaki Williams, que justo hoy entraba en el olimpo histórico del club al colarse en el Top-5 de futbolistas con más partidos disputados con la camiseta rojiblanca, se tuvo que retirar lesionado. Ojo a esto. Con un calendario que aprieta de lo lindo y la exigencia de jugar tres partidos a la semana, perder a tu referencia ofensiva y espiritual es como quitarle el motor a un coche de carreras justo antes de la curva más difícil del circuito.
Por el lado ilicitano, este punto en San Mamés vale su peso en oro. Anselmi respira y gana un crédito tremendo. Arrancar la temporada con un punto sobre doce es una losa mental muy pesada para cualquier plantilla. Plantarse en un escenario imponente, aguantar la tormenta inicial y saber sufrir con un bloque bajo muy solidario demuestra que este Elche tiene pulso y sabe a lo que juega. La inclusión de Chust en la zaga y Revivo en el carril zurdo le dio al equipo esa solidez que tanto andaban buscando. No es el triunfo que los saque del pozo de forma inmediata, pero es el tipo de resultado que cambia dinámicas y construye la moral de un vestuario.
El peaje de la fatiga en el esquema de Terzic
Aquí hay un detalle táctico que me gustaría analizar. El técnico alemán está demostrando una fe ciega en su bloque principal —repitió exactamente el mismo once que se enfrentó al Atlético de Madrid—, pero la rotación va a tener que entrar en juego de manera obligatoria. Cuando juegas con la intensidad que exige la presión tras pérdida de este Athletic, las piernas pesan el doble a partir del minuto sesenta si no refrescas el equipo. Hoy se vio claro: el Elche, muy ordenado tras el gol, apenas sufrió para defender el ataque estático de los locales. Faltó desborde por dentro y frescura para mover el balón con velocidad.
Ahora toca cruzar los dedos en la enfermería de Lezama y esperar el parte médico de Iñaki Williams. Su ausencia obligará a Terzic a agitar la coctelera y dar minutos a los menos habituales en una fase de la temporada donde no se pueden regalar puntos si el objetivo real es pelear por los puestos de privilegio en la clasificación.
La Liga no espera a nadie, y tanto el Athletic como el Elche ya saben que en esta categoría nadie regala nada. Veremos cómo reaccionan ambos técnicos en la próxima jornada a un empate que sabe a muy poco para unos y a auténtica gloria para otros.

















