El Getafe se llevó una victoria de esas que valen el doble tras tumbar por 3-1 al Sevilla en el Coliseum. Más allá del marcador y del subidón en la tabla, el postpartido nos dejó la imagen habitual de José Bordalás en sala de prensa: directo, sin rodeos y defendiendo con uñas y dientes el trabajo de los suyos. El técnico azulón dejó claro que la jugada polémica que precedió al 2-1 no ofreció ninguna duda desde su posición y que el colectivo arbitral actuó con pleno acierto.
La acción en cuestión involucró a Andrés Martín y Hugo Bueno en el origen del segundo tanto madrileño. Mientras en el bando hispalense se reclamaba una falta previa, Bordalás explicó que en el banquillo tuvieron la certeza absoluta de la legalidad de la jugada desde el primer instante: «Teníamos claro que no había sido falta y se ha hecho justicia», afirmó con rotundidad el preparador. Tras la revisión en la pantalla, el colegiado mantuvo su criterio de dejar seguir el juego, algo que para el entrenador alicantino zanja de raíz cualquier discusión: «El árbitro ha acertado en dejar seguir, ha interpretado su criterio y no tiene que haber ninguna polémica».
La norma sagrada de Bordalás y la reacción del vestuario
Yo esto lo veo muy simple: hay un mandamiento en el libreto de Bordalás que no se negocia jamás en un terreno de juego, y es no dar por muerta ninguna jugada hasta que pite el silbato. El técnico insistió en que machaca diariamente a su plantilla con este principio para evitar descuidos tontos en momentos de tensión. «Si no pita el árbitro, no tienes por qué pararte. Al final, la decisión la toma el árbitro siempre», recordó el entrenador. En una acción donde el juez de línea llegó a señalar algo pero el principal dio continuidad, la fe del atacante azulón sirvió para inclinar la balanza en un duelo crucial.
Y es que el encuentro no empezó nada fácil para los locales. El Sevilla golpeó primero mediante una acción a parado que puso el 0-1 en la primera mitad, un déficit endémico que tiene mosqueado al técnico alicantino durante todo el curso. Bordalás no escondió que ese encaje fue «como una losa» en un tramo donde su equipo estaba jugando mejor que el conjunto andaluz. Sin embargo, la charla del descanso surtió efecto y el Getafe tiró de carácter, orgullo y efectividad para firmar tres goles en la segunda parte y certificar una remontada que necesitaban como el comer.
Un balón de oxígeno para cambiar la dinámica
Esta victoria supone mucho más que tres puntos en el casillero madrileño. Ganar a un Sevilla que venía en un momento de forma dulce y con una plantilla de altísimo nivel le demuestra al vestuario que el plan funciona cuando se ejecuta al cien por cien. Para Bordalás, este partido tenía aroma de final y la respuesta de sus futbolistas estuvo a la altura del desafío. «El equipo ha mostrado una muy buena cara. Se ha dejado absolutamente todo y este es el camino», remarcó el preparador.
Desde mi punto de vista, el triunfo disipa fantasmas y refuerza la figura del propio entrenador, que a menudo debe asumir toda la presión mediática para liberar a sus futbolistas. El técnico alicantino confesó que los jugadores necesitaban este resultado incluso más que él para «abrir los ojos» y comprender el nivel de intensidad que exige la categoría. Si no compites con esa ambición en cada jugada, cualquier rival te pasa por encima; si lo haces como ante el Sevilla, la salvación y los objetivos mayores quedan mucho más cerca.
Ajustes pendientes en la pizarra azulona
A pesar de la alegría por el triunfo y el ambiente de fiesta en el banquillo local, Bordalás dejó recados tácticos pensando en los próximos compromisos. La fragilidad defensiva en las jugadas de estrategia sigue siendo la gran asignatura pendiente del cuadro azulón esta temporada. Permitir que el rival se adelante en la primera acción de peligro a balón parado es un lujo que el Getafe no se puede permitir repetir en las siguientes jornadas.
Toca ver si este 3-1 marca un punto de inflexión definitivo en el rendimiento colectivo o si se queda en un mero chispazo de orgullo. La base de la competitividad bordalasiana está puesta, la efectividad arriba ha aparecido en el momento oportuno y el vestuario ha recibido la dosis de moral que tanto demandaba. Ahora la exigencia pasa por mantener esta versión agresiva y concentrada lejos del Coliseum.




















