El AEK Atenas atraviesa el momento más delicado de su temporada justo en las vísperas de recibir al Real Madrid. La derrota por 2-0 frente al Panathinaikos en el derbi heleno no solo ha hurgado en la herida, sino que confirma un bache alarmante de resultados: cuatro caídas en los últimos cinco partidos oficiales.
En el duelo frente a Panathinaikos, las cosas empezaron del peor modo posible para el conjunto de Luka Jovic. Antes de que se cumpliera el primer minuto de juego, Adino habilitó a Tetteh para que conectara un disparo desde la frontal del área ajustado al poste, superando a Brignoli, quien volvió a ser titular bajo palos debido a la baja de Strakosha. El AEK intentó reaccionar antes del descanso mediante una falta lejana botada por Razvan Marin en el minuto 43 que repelió Iñaki Peña. Sin embargo, nada más reanudarse el encuentro en la segunda parte, Andino firmó el segundo tras una conducción en tres cuartos finalizada desde el balcón del área. Ni la gran ocasión de Zini desbaratada por Iñaki Peña en el minuto 64 ni la expulsión del local Kangwa por una patada sin balón en el 69 sirvieron para que el AEK redujera distancias.
De campeones incontestables a dudas constantes
Yo esto lo veo claro: el fútbol no tiene memoria y la distancia entre la gloria y las dudas suele ser francamente corta. Hace apenas unos meses, el AEK celebraba el título de la liga griega exhibiendo una solidez envidiable. Hoy, la fotografía del equipo es radicalmente opuesta. Cuatro derrotas en cinco compromisos no son un tropiezo puntual, sino un aviso serio sobre el rendimiento colectivo e individual de una plantilla confeccionada para cotas más altas.
Cuando un equipo entra en una espiral donde encaja nada más arrancar los partidos —como ese gol encajado antes de cumplirse los primeros sesenta segundos de juego—, el diagnóstico va más allá del juego: habla directamente de concentración y tensión competitiva. Si a esa fragilidad inicial le sumas la ausencia de tu guardameta titular, Strakosha, las grietas en el edificio empiezan a ser demasiado evidentes como para disimularlas.
Falta de eficacia en las dos áreas
Al analizar los 90 minutos ante el Panathinaikos, las estadísticas y las sensaciones coinciden. El AEK no estuvo fino atrás ni punzante arriba. Salvo ese lanzamiento de falta de Razvan Marin al borde del descanso y el potente disparo de Zini superada la hora de encuentro que obligó a emplearse a fondo a Iñaki Peña, la producción ofensiva del equipo fue más de empuje e intención que de verdadero peligro real.
Incluso cuando el escenario se volvió favorable tras la roja directa a Kangwa a falta de algo más de veinte minutos para el final, al cuadro visitante le faltó claridad táctica para encerrar a su rival y generar ventajas en ventaja numérica. No bastó con adelantar líneas ni con acumular futbolistas arriba: la circulación de balón fue demasiado espesa y predecible para derribar un bloque defensivo ya asentado.
El choque frente al Real Madrid en el horizonte
La gran duda ahora es cómo gestionará el vestuario esta mala racha de cara al inminente choque ante el Real Madrid. Recibir a un transatlántico europeo nunca es sencillo, pero hacerlo sumido en una crisis de resultados y sensaciones eleva el nivel de exigencia al máximo. Para Luka Jovic, además, el encuentro guardará una carga emocional evidente al medirse a su exequipo.
Toca ajustar piezas de inmediato en defensa y recuperar la efectividad en el área contraria si el conjunto ateniense quiere competir de tú a tú ante el rey de Europa. Tienen noventa minutos por delante para cambiar el guion de su temporada o arriesgarse a encadenar un tropiezo que consolide definitivamente sus problemas.




















