El fútbol tiene estas cosas que parecen guionizadas. Celta de Vigo y Celtic de Glasgow, dos entidades con raíces compartidas, tradición viva y una hermandad cultural fuera de duda, vuelven a cruzarse en el camino europeo. Pero más allá del ambiente festivo y el idilio en las tribunas, la realidad deportiva no entiende de romanticismos: ambos llegan necesitados de verdad a la cita en Celtic Park.
A la mística del choque se le suma un desplazamiento masivo que demuestra las ganas de Europa que hay en Vigo. Serán 3.000 los celtistas que llenen la grada visitante en Glasgow. Para que os hagáis una idea de la magnitud de la marea celeste, son cifras parecidas a la gran invasión de Lyon de la temporada pasada y superan con claridad la expedición de hace una década a Old Trafford frente al Manchester United. La afición ha respondido en masa para una cita con sabor especial, aunque el contexto ambiental en el feudo escocés tendrá sus matices: el sector más radical de la hinchada local ha anunciado un plante durante el choque contra los de Claudio Giráldez debido a su fuerte enfrentamiento con la directiva del club.
Dos trayectorias urgidas y un grupo que no da tregua
Dejando a un lado la fiesta en las calles, lo que hay en juego sobre el césped es drama puro y duro. Ni los gallegos ni los escoceses han logrado sumar un solo punto en las dos primeras jornadas de esta fase de grupos. Dos partidos, dos derrotas para cada bando. En una competición tan corta y exigente, encadenar un tercer tropiezo consecutivo deja el margen de error prácticamente a cero y complica de forma severa el futuro en el torneo.
Para el cuadro de Claudio Giráldez, ganar o al menos puntuar en un escenario de tanto nivel se ha convertido en una necesidad imperiosa. El vestuario celeste es consciente de que este tipo de partidos fuera de casa marcan la diferencia entre pelear por estar arriba en la liguilla o quedarse rezagado a las primeras de cambio. La exigencia es máxima, pero la propuesta futbolística del equipo busca precisamente hacerse valer en noches de este calibre.
Cuentas pendientes y un guiño histórico con Escocia
No es la primera vez que el destino une a estos dos históricos. Para recordar su último pulso continental hay que viajar hasta la temporada 2002-03, en la tercera ronda de la antigua Copa de la UEFA. En aquella eliminatoria, el Celtic se impuso por 1-0 en Escocia y el Celta de Miguel Ángel Lotina ganó 2-1 en la vuelta disputada en Balaídos. Pasaron los escoceses por el valor doble de los goles a domicilio, en un año donde, paradójicamente, el cuadro olívico acabaría firmando la clasificación para la Liga de Campeones.
Además, el vínculo del Celta con tierras escocesas viene de muy lejos. Fue precisamente ante el Aberdeen, hace ya 55 años, cuando el club vigués estrenó su historia en las competiciones europeas. Había incluso planes para que el Celtic fuera el rival invitado en los actos del centenario celeste, aunque aquel amistoso finalmente no se concretase. Ahora, el fútbol les devuelve la oportunidad de verse las caras en partido oficial.
Toca comprobar si la propuesta valiente de Giráldez logra asaltar un escenario imponente o si la urgencia del Celtic termina pesando más sobre el césped de Glasgow.




















