El madridismo nunca duerme, y no hablo solo de lo que pasa sobre el césped del Santiago Bernabéu. Enrique Riquelme, el joven empresario alicantino que compitió por la presidencia del Real Madrid el pasado mes de junio, ha vuelto a agitar las aguas institucionales del club con un enigmático mensaje en sus redes sociales en el que asegura que «falta un día» para un gran anuncio.
La advertencia ha llegado este viernes a través de la cuenta oficial de Instagram de su candidatura, bautizada como ‘Legado y futuro’. Tras caer en los comicios del pasado verano, lo habitual en estos casos habría sido ver al aspirante replegar velas, asumir la derrota y centrarse en sus quehaceres profesionales. Sin embargo, Riquelme ha decidido no desaparecer del mapa merengue. Al contrario, ha optado por mantenerse muy visible, combinando su actividad empresarial en Sudamérica con visitas frecuentes al coliseo blanco en calidad de aficionado.
La estrategia de la gota malaya en Concha Espina
Yo esto lo veo muy claro: en un club de la dimensión del Real Madrid, la carrera por la presidencia no es un sprint de cien metros, es un ultramaratón de montaña. Quien piense que se puede ganar el trono de Concha Espina apareciendo de la nada un mes antes de que se abran las urnas, es que no entiende cómo funciona esta casa. Riquelme parece haber aprendido la lección de junio y ahora apuesta por la constancia. Su objetivo es estar presente, hacerse visible y no dejar que el socio se olvide de su cara ni de su proyecto.
El empresario alicantino sabe que el desgaste de la gestión diaria de cualquier junta directiva es inevitable. Por ahí es por donde busca su oportunidad. Su entorno habla de haber detectado una «brecha» dentro del madridismo, un sector de la masa social que demanda un cambio de rumbo o, al menos, una alternativa sólida. No es una tontería. Mantener activa la marca de ‘Legado y futuro’ en pleno otoño, sin un proceso electoral a la vista, es una maniobra inteligente para no tener que empezar de cero cuando vuelva a tocar votar.
El palco frente a la grada: la construcción de una alternativa
Hay un detalle en la actitud de Riquelme que no conviene pasar por alto. Desde que terminaron las elecciones, el empresario no se ha escondido en los despachos. Se le ha visto en el Bernabéu mezclado con la gente, viviendo los partidos como un seguidor de a pie y no desde la comodidad del palco de autoridades. Esa cercanía es un activo valioso cuando aspiras a liderar un club de socios. Es su forma de decir: «Soy uno de los vuestros».
A ver, seamos realistas: de momento el misterio es absoluto. Veremos en qué queda este anuncio de veinticuatro horas. Podría tratarse de la presentación de una nueva plataforma de debate para los socios, de una iniciativa de carácter social o, simplemente, de un movimiento de posicionamiento para mantener el pulso informativo. Sea como fuere, el momento está medido al milímetro para captar la atención en un fin de semana sin fútbol de clubes.
La realidad es que el tablero de ajedrez del Real Madrid siempre es complejo y cada movimiento tiene una intención oculta. Riquelme perdió en junio, sí, pero su insistencia demuestra que aquello no fue un calentón de una temporada. Quiere que se le vea como la oposición natural y constructiva. Mañana saldremos de dudas sobre el contenido de su mensaje, pero una cosa está clara: el partido por el futuro del club se sigue jugando también fuera del campo.




















