España y Estados Unidos se ven las caras este sábado en Washington en un duelo que tiene de amistoso solo el nombre. Las dos grandes potencias del fútbol femenino, vigentes campeonas del mundo y olímpicas, miden sus fuerzas en el primero de los dos asaltos preparados en territorio americano.
El Audi Field de Washington será el escenario (este sábado a las 20:30, hora española) donde la selección española, número uno del ranking FIFA, se mida a la número dos, Estados Unidos. Para Lucía Corrales, una de las protagonistas en la previa, la cita es inmejorable: «No hay mejor escenario para ver nuestro nivel de cara al Mundial del próximo año». Y es que, aunque el billete a Brasil ya esté en el horizonte del próximo verano, la exigencia competitiva entre estas dos selecciones no entiende de pruebas de bajo voltaje. Como bien se palpa en el ambiente de la concentración, entre nosotras no existen los partidos de guante blanco.
¿Qué significa este partido para España?
Yo esto lo veo como un examen parcial de los gordos. España llega como la flamante campeona del mundo tras la gesta de 2023, pero la foto de aquel equipo ha cambiado una barbaridad. De las jugadoras que tocaron la gloria en Sídney, apenas quedan diez en la actual convocatoria de veinticinco. Estamos hablando de que un sesenta por ciento del grupo es nuevo. Es una reconstrucción en toda regla, una transición donde las nuevas piezas tienen que demostrar que el traje de campeonas no les queda grande.
Jugar contra Estados Unidos en su propia casa es el escenario ideal para acelerar este proceso. No vas a probar estructuras tácticas diferentes contra un rival menor que se te encierre atrás; vas a medirte contra las mejores en un contexto de máxima presión. Para las futbolistas que se están ganando un sitio en la dinámica de la absoluta, sentir el rigor de un partido de este calibre es la mejor escuela posible de cara al apasionante verano que nos espera en Brasil.
El coloso norteamericano frente a la corona española
Si miras el palmarés de las estadounidenses, la verdad es que te entra un poco de vértigo. Son las vigentes campeonas olímpicas de París 2024, un oro que se suma a una vitrina de leyenda: cuatro Mundiales, siete medallas olímpicas en total (cinco de ellas de oro, una plata y un bronce) y de paso nueve torneos de la CONCACAF. Son la aristocracia histórica de este deporte, un equipo diseñado genéticamente para mandar y competir al límite.
Por eso, que España acuda a esta cita liderando el ranking FIFA le da al partido un morbo especial. Ya no somos las aspirantes que intentan dar la sorpresa ante el gigante del norte; ahora somos el rival a batir, el equipo que porta la estrella en el pecho. Las estadounidenses querrán demostrar ante su público que el oro olímpico las devuelve al trono moral del fútbol mundial, mientras que España necesita confirmar que el relevo generacional mantiene intacto su gen competitivo.
Este doble enfrentamiento en suelo americano es la oportunidad perfecta para que el cuerpo técnico reparta minutos y pruebe alternativas de juego pensando en la gran cita del próximo año. Al final, el objetivo es que todas las jugadoras se sientan partícipes y sumen kilómetros de calidad competitiva internacional antes de que empiece lo verdaderamente importante.
A partir de ahora, toca abrocharse los cinturones y disfrutar del espectáculo. El duelo de este sábado en Washington es la primera gran parada de un camino que nos dirá exactamente de qué pasta está hecha esta nueva selección española.




















