El Atlético de Madrid desatascó una noche de esas que suelen atragantarse en San Sebastián gracias a la inesperada faceta de Alejandro Grimaldo. El lateral valenciano asumió los galones desde los once metros para abrir la lata ante la Real Sociedad en un partido espeso que terminó en goleada por 0-3, confirmando que bajo el brazo no solo trae desborde, sino también la sangre fría de un ejecutor.
No nos vamos a engañar: el partido pintaba a bostezo o a regreso con las manos vacías para los de Diego Pablo Simeone. La Real Sociedad apretaba y el fútbol colchonero no fluía, hasta que llegó la jugada de la discordia. Un remate, un rebote y el balón que impacta en la mano de Ochieng dentro del área. El colegiado no dudó y señaló un penalti de esos que, si te lo pitan en contra, te pasas tres días protestando en rueda de prensa. Pero el fútbol tiene estas cosas, y tras encajar varias decisiones dudosas en el arranque del campeonato, el Atlético no estaba para rechazar regalos. Sin un especialista claro en la plantilla para estas lides, Grimaldo agarró la pelota con la tranquilidad del que va a comprar el pan. Dos pasos, mirada fija y un disparo suave por el centro que dejó a Álex Remiro tirado en el suelo de un costado.
El impacto inmediato de un lateral total
Yo esto lo veo muy claro: cuando el Atlético se lanzó a por el fichaje de Grimaldo, no buscaba simplemente a un tipo que guardara la ropa en la banda izquierda. Buscaba un puñal, un generador de juego y, sobre todo, un futbolista con una relación idílica con el gol. En Lisboa y en Leverkusen ya sabían de lo que era capaz a balón parado con sus faltas directas, pero verle asumir la responsabilidad de los penaltis añade un recurso de oro para Simeone, que lleva tiempo buscando un especialista fiable desde los once metros.
La evolución del valenciano en los últimos años roza lo absurdo para un jugador de su posición. En su etapa en el Benfica ya dejó muestras de su proyección ofensiva, firmando su mejor registro en la temporada 2018/19 con cuatro goles y doce asistencias. Pero fue en Alemania, bajo la pizarra de Xabi Alonso, donde se convirtió en un auténtico monstruo del área rival. En su primer año con el Bayer Leverkusen destrozó todos los registros con diez tantos y trece pases de gol, números de delantero centro de primer nivel que ayudaron a levantar una Bundesliga invicta. En su segunda campaña aportó dos goles y siete asistencias, y el curso pasado cerró su ciclo en tierras germanas con dos cifras destacadas: ocho dianas y siete entregas de gol. Un currículum que asusta.
La pizarra de Simeone encuentra su pieza de oro
Con este panorama, es normal que el Cholo se frote las manos. El técnico argentino ha encontrado en Grimaldo mucho más que un carrilero de ida y vuelta; tiene a un futbolista capaz de decidir partidos por pura jerarquía técnica. En un equipo que a veces sufre para generar volumen de juego en estático, contar con un defensor que te asegura una producción ofensiva tan alta y al que, además, no le tiembla el pulso para engañar a un portero de la talla de Remiro en un momento caliente, es un auténtico lujo.
La victoria por 0-3 en el Reale Arena maquilla un encuentro que durante muchos minutos fue un dolor de muelas, pero evidencia que este Atlético tiene recursos individuales para destrozar planes defensivos cuando la pizarra colectiva se atasca. Grimaldo ha caído de pie en el Metropolitano y ya reclama un papel protagonista en el ecosistema colchonero.
Habrá que seguir muy de cerca cómo evoluciona la jerarquía del balón parado en las próximas citas, pero de momento, el valenciano ya ha presentado su candidatura para ser el dueño absoluto de los momentos de máxima tensión.

















