Ibai Gómez se ha ganado el crédito en Zaragoza a base de optimismo y resultados. El técnico vasco ha cambiado la cara al equipo en Primera RFEF, manteniéndolo colíder de su grupo y devolviendo la ilusión a una afición castigada. Tras salvar un punto agónico ante el Villarreal B (2-2), el entrenador dejó claro que ha llegado para construir un proyecto a largo plazo.
No era una papeleta sencilla, pero el impacto ha sido inmediato. El propio Ibai no oculta su entusiasmo tras rescatar un partido que parecía perdido, remontando dos goles de ventaja en el tramo final. «Soy muy feliz, un entusiasta y un loco. Me gustaría poder hacer algo muy grande en el Real Zaragoza. Ojalá podamos estar aquí muchos años y devolver al Real Zaragoza a donde se merece», comentaba en rueda de prensa. Una declaración de intenciones que confirma que el lema de que el club nunca se rinde vuelve a estar grabado a fuego en el vestuario.
La transformación mental y el reto del ascenso
Yo esto lo veo claro: más allá de los puntos, lo que ha conseguido Ibai Gómez en solo unos meses es erradicar el pesimismo que envolvía a la ciudad. Veníamos de temporadas donde cualquier contratiempo derrumbaba al equipo. Ahora, la respuesta ante la adversidad es radicalmente distinta. Neutralizar un 0-2 en contra ante un filial peligroso como el del Villarreal no es casualidad; habla de un vestuario convencido y trabajado en lo psicológico.
Mantener al Zaragoza en lo alto de la tabla en una categoría tan compleja como la Primera RFEF requiere regularidad y cabeza fría. Ibai insiste en ir paso a paso, cumpliendo esos «microobjetivos» diarios que terminan marcando la diferencia en mayo. El técnico pide paciencia y disfrutar del proceso, pero la realidad es que la exigencia de la plaza es máxima y el margen de error, mínimo.
Paciencia y proceso en un proyecto de largo recorrido
El verdadero examen para este Zaragoza será mantener esta identidad combativa cuando lleguen los baches inevitables de la temporada. Que el equipo compita hasta el pitido final y rescate puntos en días grises es la mejor señal para un bloque que aspira a salir del pozo. Ibai ha sentado las bases de un proyecto donde la actitud no se negocia.
Tocar la tecla adecuada en el banquillo blanquillo llevaba años pareciendo una misión imposible. De momento, la apuesta por la ilusión y el trabajo táctico le está dando la razón al preparador vasco, que ha conectado con la grada desde el primer día.
Toca comprobar si este impulso competitivo se consolida en las próximas jornadas para afianzar al Zaragoza en el liderato y confirmar que este proyecto tiene el recorrido que su técnico promete.




















