Parece que las aguas vuelven a su cauce en la selección portuguesa. Jorge Jesus ha incluido a Cristiano Ronaldo en la prelista de convocados para los partidos de la Nations League de noviembre ante Dinamarca y Gales. Un movimiento que confirma la reconciliación tras el episodio de indisciplina vivida a finales de septiembre.
Para poner las cosas en perspectiva, el capitán luso recibió un mes de suspensión y una multa simbólica de 255 euros por parte del Consejo de Disciplina de la Federación Portuguesa de Fútbol. El motivo fue su espantada de la concentración el pasado 30 de septiembre. Como la sanción empezó a correr desde el día en que abandonó al grupo, el castigo cumple este mismo sábado 30 de octubre. El detonante de aquella bronca estuvo en el partido contra Noruega en Oslo, donde Portugal ganó 1-2 pero Cristiano se pasó media hora calentando en la banda para no jugar ni un solo minuto. Aquello no le gustó nada al atacante del Al Nassr, que el 6 de octubre publicó un comunicado admitiendo que no debió marcharse, aunque acusó al técnico de no cumplir su palabra.
Qué supone la vuelta del capitán al vestuario luso
Sinceramente, yo esto lo veo como un paso pragmático por ambas partes. Jorge Jesus es un perro viejo del fútbol y sabe perfectamente que tener a un futbolista como Cristiano de tu lado, aunque roce los 41 años, te resta muchísimos problemas externos si sabes gestionar su rol. Apagar el fuego antes de la convocatoria definitiva demuestra bastante cintura política por parte del seleccionador.
Desde el punto de vista del rendimiento, Portugal no ha acusado para nada el ruido mediático. La campeona defensora de la Nations League marcha con un expediente impecable en el grupo A4: cuatro victorias en cuatro partidos y el billete para la siguiente fase metido en el bolsillo. Con la tranquilidad de tener los deberes hechos, el choque del 14 de noviembre contra Dinamarca en Braga y la visita a Gales en Cardiff el día 17 sirven como el escenario perfecto para reintegrar a su gran figura sin la urgencia de jugarse una clasificación a vida o muerte.
Del pulso en Oslo a la paz por el bien común
La gestión de egos en una selección nacional siempre es un alambre fino. Cuando un jugador de la dimensión histórica de Ronaldo siente que se le falta al respeto —hacer calentar media hora a un mito para dejarlo sentado escatima explicaciones en cualquier vestuario—, la chispa salta rápida. Pero también hay que reconocerle a Cristiano la madurez de entonar el mea culpa en su nota pública, asumiendo el castigo y dejando la puerta abierta a regresar si el físico le acompaña.
A partir de ahora, la pelota está en el tejado de la convivencia diaria. Portugal ha demostrado que tiene recursos de sobra para ganar sin depender de nadie, pero el regreso de su capitán devuelve al grupo un liderazgo indiscutible de cara a los cruces decisivos. Veremos cómo distribuye los minutos Jorge Jesus en esta ventana internacional de noviembre, pero lo que está claro es que el incendio institucional ha qo completamente sofocado.
Ahora solo queda esperar a que la lista definitiva confirme lo que ya es un secreto a voces: Cristiano vestirá de nuevo la camiseta de las quinas en Braga.




















