Juanma Castaño, director de El Partidazo de COPE, ha tenido que salir a frenar el balón y pedir disculpas públicamente este martes tras comparar a Real Madrid TV con el diario Gara en una columna de opinión. El club blanco reaccionó con dureza extrema y el periodista ha rectificado su metáfora, aunque mantiene intacta su durísima crítica a la televisión oficial madridista.
La tormenta estalló tras la publicación de su artículo «El Real Madrid, en guerra» en el diario ABC, donde Castaño definió a la emisora oficial del club como «el diario Gara del ultraflorentinismo» y acusó al canal de pedir veladamente que el equipo abandone las competiciones nacionales. Ante el revuelo y tras un comunicado oficial del Real Madrid tachando sus palabras de «absolutamente deplorables e inadmisibles», el asturiano reculó por la noche en su programa de radio: «La comparación, la metáfora, es excesiva. La comparación sobra y pido disculpas». Sin embargo, acto seguido dejó claro que su diagnóstico de fondo sigue siendo el mismo: «Retiro la comparación, pero Real Madrid TV miente, manipula, señala y hostiga».
La guerra por el relato en el fútbol español
Yo esto lo veo como la enésima batalla de una guerra de trincheras que ya dura demasiado. No nos engañemos: el ambiente en torno a la información deportiva está más tenso que un partido de regional en el minuto noventa. El Real Madrid ha decidido blindar su mensaje a través de su canal oficial, utilizándolo como un escudo institucional y, para muchos analistas, como una herramienta de presión mediática constante. Es la vieja táctica de «conmigo o contra mí» llevada a la pantalla.
La comparación de Castaño con Gara fue un patinazo obvio, de esos que te dejan con diez jugadores en el campo por una entrada a destiempo en el centro del campo. No había necesidad. El propio periodista lo ha reconocido rápido porque sabe que mezclar el fútbol con la trayectoria de un periódico con ese trasfondo histórico es cruzar una línea roja que desvía el foco de lo importante. Pero al retirar la metáfora, Castaño ha hecho una jugada de manual: aislar el error formal para que no empañe su argumento principal. Al repetir insistentemente que la televisión blanca «miente, manipula, señala y hostiga», traslada de nuevo la presión al palco del Bernabéu. Es como admitir que has hecho una falta de tarjeta amarilla para evitar que te expulsen del debate.
¿Qué significa esto para el fútbol español? Que el partido ya no solo se juega sobre el césped, sino en los despachos de comunicación. La estrategia del club blanco, que busca desacreditar cualquier crítica externa creando un ecosistema de opinión propio, choca de frente con los medios tradicionales. Este choque directo con uno de los líderes de la radio deportiva eleva las hostilidades a un nivel institucional que promete traer cola en las próximas comparecencias de prensa. A mí me da la sensación de que la cuerda está tan tensa que cualquier día se rompe, y los platos rotos los va a pagar la claridad informativa que recibe el aficionado.
El comunicado del club y la trinchera mediática
El lío se había cocinado por la mañana cuando el Real Madrid, poco dado a responder de forma directa a periodistas individuales a menos que la herida escueza de verdad, sacó un comunicado oficial inusualmente contundente. En el club consideraban que asimilar su canal con el diario vasco constituía «un ejercicio extremadamente grave que traspasa todos los límites». En las oficinas de Chamartín dolió especialmente la acusación de que desde la televisión oficial se estuviera empujando al equipo a dejar la Liga o la Copa.
Al final, nos queda un escenario donde nadie sale del todo limpio de la jugada. Castaño ha tenido que morderse la lengua y pedir un perdón necesario por una analogía de muy mal gusto, pero a la vez ha conseguido que su denuncia sobre el funcionamiento de Real Madrid TV se escuche con más fuerza que nunca. Por su parte, el club blanco sigue enrocado en una postura defensiva que, lejos de calmar las aguas, promete seguir tensionando las ruedas de prensa y las relaciones con los redactores que cubren la actualidad del equipo.
A partir de ahora, habrá que estar muy atentos a cómo afecta este incendio a la relación diaria de los profesionales de la COPE con el club. La tregua parece ahora mismo una utopía y el ambiente está lo suficientemente cargado como para que cualquier chispa vuelva a encender el fuego.




















