El Leipzig necesitaba respirar hondo, sacudirse el polvo y recordar qué se siente al ganar un partido sin sufrimiento. Tras encajar un ‘set’ frente al Bayern de Múnich y sufrir un duro revés en el Santiago Bernabéu ante el Real Madrid, el conjunto alemán disipó fantasmas endosándole un incontestable 4-0 al Elversberg con un vendaval goleador en la segunda mitad.
Martín Demichelis no se anduvo con chiquitas a la hora de mover el árbol. El técnico argentino agitó la alineación e introdujo hasta ocho cambios con respecto al once que saltó al césped del Bernabéu a mediados de semana. De aquel choque continental tan solo repitieron tres piezas: Willi Orban mandando en el centro de la defensa, El Aynaoui manejando la sala de máquinas y Antonio Nusa amenazando desde el perfil izquierdo. El experimento, sin embargo, tardó en arrancar. Durante la primera parte al equipo le faltó ritmo y fluidez, acumulando más de 20 minutos sin probar puerta hasta que Krattenmacher intentó rematar un centro lejano y Mokwa obligó al guardameta Nyland a intervenir con un disparo potente antes del descanso.
La lectura táctica de Demichelis tras el descanso
Los desajustes de la primera parte eran lógicos. Cuando cambias a casi un equipo entero de una semana a otra, la sincronía entre líneas resiente el juego asociativo. El Elversberg lo entendió rápido, jugó sin complejos y llegó a encerrar al Leipzig en su propia área en el tramo final del primer tiempo. Ahí fue donde Demichelis demostró reflejos desde el banquillo para corregir el rumbo antes de que los nervios empezaran a jugar una mala pasada.
El técnico movió pieza en el descanso retirando a un apagado Maksimovic para dar entrada a Rómulo. Ese cambio provocó un efecto dominó en el esquema: Tidiam Gomis pasó a la banda derecha, una variante que descolocó por completo al entramado defensivo rival. La jugada no tardó en dar sus frutos. Nusa desbordó por la izquierda con su descaro habitual y puso un balón medido para que Gomis, con un remate de zurda a la primera, abriera la lata y firmara el 1-0. El propio atacante francés rozó el doblete apenas un minuto después, taponado esta vez por una gran estirada de Kristof.
Confianza recuperada para despejar dudas
A partir del primer tanto, la resistencia del Elversberg se desmoronó por completo. El Leipzig encontró los espacios que se le habían negado durante los primeros cuarenta y cinco minutos y acabó desatando un festival ofensivo que culminó con cuatro dianas tras la reanudación. Pasar de la espesura del primer acto a un triunfo holgado era justo la medicina que prescribía el vestuario.
Para un proyecto que venía de encajar dos golpes de máximo nivel en Liga y Champions, encadenar dudas habría supuesto una carga muy pesada para las próximas semanas. La rotación masiva le da además aire fresco a la plantilla y valida la profundidad de armario que va a necesitar Demichelis para competir en varios frentes. Toca comprobar si este triunfo sirve como punto de inflexión definitivo o si la irregularidad del arranque de curso vuelve a asomar cuando el nivel de exigencia vuelva a subir.
Habrá que estar muy atentos a los próximos compromisos del Leipzig para ver si Demichelis consolida el esquema de la segunda parte o sigue apostando por las rotaciones masivas.




















