Ganar en la Champions siempre viste, y más si lo haces en el tiempo añadido tirando de esa mística que parece registrada en propiedad. Sin embargo, el 2-3 del Real Madrid ante el AEK de Atenas deja un regusto amargo si miramos el rendimiento individual de la plantilla. Un choque lleno de altibajos que necesitó del talento puntual arriba para arreglar un estropicio defensivo monumental.
Yo esto lo veo claro: el marcador maquilla las sensaciones, pero no oculta que hasta cinco futbolistas salieron del césped griego con un suspenso muy serio. El cuadro heleno se adelantó dos veces en el marcador aprovechando las desconexiones de un equipo que rozó la ruptura en la medular hacia la hora de juego. Al final, los tantos de Jude Bellingham, Kylian Mbappé y un zapatazo agónico de Fede Valverde sobre la bocina rescataron los tres puntos, aunque las notas individuales dejan retratados a varios nombres propios.
Los señalados en Atenas: grietas atrás y desconexión arriba
Si hay dos futbolistas que salieron verdaderamente quemados de la cita europea, esos fueron Éder Militão y Vinícius Júnior. Ambos firmaron una actuación para olvidar, valorada con un 2 sobre 10. La primera media hora del central brasileño fue directamente tétrica. Perdió un balón comprometido a los cinco minutos que obligó a intervenir a Thibaut Courtois y cayó derrotado en prácticamente cada duelo individual. En el segundo tanto griego volvió a salir en la foto: saltó a la medular de forma precipitada y, al replegar, terminó tapando el costado en lugar de cerrar el eje donde remató Pilios. Es verdad que venía de jugar solo cinco minutos en los últimos siete meses, pero completar los noventa minutos en ese estado de forma acabó exponiendo todas sus carencias actuales.
Lo de Vinícius arriba tuvo un tinte muy similar. La estadística resulta fría pero demoledora: cero regates completados de un intento. Cuando un extremo desequilibrante no desborda, el equipo lo nota; pero el problema real estuvo en el trabajo sin balón. Su desconexión defensiva dejó desprotegido a Marc Cucurella en el primer gol del AEK, situándose a más de 40 metros de su lateral sin intenciones de bajar a ofrecer una ayuda. En la segunda mitad apenas ofreció alternativas y acabó sustituido en el minuto 81.
La lista de suspendidos no se queda ahí. Antonio Rüdiger también rozó el suspenso bajo (4) tras verse superado por Gacinovic nada más empezar el choque y transmitir una fragilidad defensiva inusual en él. En la medular, Eduardo Camavinga (3) vivió otra noche complicada en la que fue incapaz de dar contención, orden ni criterio a la distribución madridista. Por su parte, Diomande (4) aportó cierto criterio inicial pero pecó de discontinuidad: puso seis centros al área sin encontrar ningún rematador blanco antes de ser retirado en el 66.
Bellingham y los destellos que salvaron los muebles
En el plano positivo hay que destacar la figura de Jude Bellingham (7). La apuesta por situar al inglés como segundo delantero, suelto cerca del área rival y liberado de la elaboración en la base, es probablemente la mejor decisión táctica que ha tomado José Mourinho en la zona ofensiva. A Bellingham le anularon un tanto por fuera de juego, pero no se vino abajo y firmó el 1-1 provisional con un remate de espuela formidable. Además, inició la jugada del segundo tanto abriendo el balón hacia la banda.
Tampoco hay que pasar por alto el papel de las incorporaciones tras el descanso. Fede Valverde entró al campo en el 67 con un despiste inicial en la medular, pero terminó vistiéndose de héroe en el 92 enganchando un balón suelto para colocar el 2-3 definitivo. Del mismo modo, la entrada de Endrick aportó un veneno distinto en ataque, regalando un balón de oro a Mbappé que acabó estrellándose en el larguero.
Mención aparte merece el propio Mbappé (5). Marcó el 2-2 a placer tras una buena asistencia de Denzel Dumfries, pero un ariete de su dimensión no puede errar tantas ocasiones claras dentro del área. Regaló un remate a las nubes, otro al muñeco y propició el segundo tanto heleno tras perder la pelota en el área contraria. Una noche gris compensada únicamente por el gol.
Consecuencias de un triunfo agónico que no tapa las dudas
Este resultado permite al Real Madrid situarse como colíder de esta fase de la Champions League, manteniendo la pegada y la épica en los momentos límite. Sin embargo, el cuerpo técnico tiene un volumen de trabajo descomunal de cara a los próximos compromisos. La falta de consistencia táctica en el centro del campo y la fragilidad de la pareja de centrales son urgencias que no se pueden esconder durante más tiempo tras el escudo de los minutos añadidos.
Toca analizar si la falta de ritmo de hombres clave como Militão puede corregirse con partidos de máxima exigencia o si el equipo necesita reestructurar su balance defensivo cuanto antes para evitar que cualquier rival europeo le haga este volumen de ocasiones.




















