Gerard Piqué ha vuelto a hacer de las suyas en redes sociales este martes 22 de septiembre, avivando la eterna hoguera de la rivalidad entre el FC Barcelona y el Real Madrid. El excentral azulgrana ha colgado un vídeo donde se mofa abiertamente de la situación del conjunto blanco, aprovechando el dulce momento que atraviesan los de Barcelona.
La publicación, que apenas dura un minuto y medio, no ha tardado en hacerse viral. En ella, Piqué repasa con su habitual tono irónico la trayectoria del Real Madrid en lo que va de curso y la contrasta con el gran arranque del Barça. Una nueva entrega de su particular catálogo de dardos al eterno rival que llega en un momento de máxima atención mediática.
La eterna salsa del Clásico fuera del campo
A estas alturas de la película, a nadie le debería pillar por sorpresa. Yo esto lo veo como una parte más del ecosistema del fútbol moderno. Gerard Piqué se retiró del césped, pero jamás se ha bajado del barco de la provocación. Es como ese amigo de tu grupo de WhatsApp que, en cuanto tu equipo pincha en un partido tonto, ya te está mandando un meme antes de que el árbitro pite el final. Desde sus tiempos en activo, con aquel famoso tuit de los emoticonos de risa o la mano levantada en el Camp Nou, el catalán ha entendido como nadie que el fútbol también se juega en las pantallas de los teléfonos móviles.
Lo interesante aquí es el timing. Estamos a finales de septiembre, la temporada todavía está en pañales, pero las dinámicas de ambos transatlánticos ya empiezan a marcar el paso de la opinión pública. Cuando el Barça sonríe y despliega un fútbol alegre, el entorno culé se viene arriba de inmediato. Y si en Chamartín las cosas no terminan de carburar o se encadenan un par de tropiezos, la tentación de hurgar en la herida es demasiado grande como para que un especialista del troleo como Piqué la deje pasar.
Este tipo de gestos tienen un doble filo muy claro. Por un lado, sirven para cohesionar a la masa social barcelonista, que encuentra en su antiguo capitán un portavoz sin filtros, alguien que dice en público lo que el aficionado de a pie celebra en el bar con sus amigos. Por el otro, es evidente que estas burlas no caen en saco roto en la capital. El fútbol es un deporte de dinámicas y, sobre todo, de memoria a corto plazo.
Consecuencias en el vestuario blanco y el calendario
¿Cómo afecta esto al Real Madrid? En el fútbol de élite, el orgullo es un motor tan potente como la pizarra táctica. Históricamente, cada vez que desde Barcelona se ha celebrado antes de tiempo o se ha hurgado en las crisis del Bernabéu, la respuesta de la plantilla blanca ha sido cerrar filas. Estos «palos» de Piqué suelen acabar colgados, de forma figurada, en la pared del vestuario de Valdebebas como recordatorio y motivación extra para cuando llegue el momento de verse las caras sobre el verde.
La temporada es larguísima y el desgaste físico y mental acabará pasando factura a todos. El Barça vive un momento dulce, sí, pero la regularidad en el campeonato doméstico y la exigencia europea no perdonan un solo bache. Que la euforia exterior se desate tan temprano puede ser un arma de doble filo si el equipo de pronto sufre un contratiempo y las tornas se giran, algo que en nuestra Liga pasa casi sin que te des cuenta de una semana para otra.
De momento, el ruido está servido y la conversación social ya tiene su ración de picante semanal. Habrá que ver si el Real Madrid responde sobre el terreno de juego en sus próximos compromisos o si el Barça es capaz de mantener este ritmo arrollador que ha desatado la ironía de su legendario número 3. El siguiente capítulo de esta rivalidad promete ser de los que hacen afición.




















