Kylian Mbappé se ha metido en un jardín en su propio país. Su agresiva campaña mediática para ganar el Balón de Oro el próximo 26 de octubre ha desatado duras críticas en Francia, donde periodistas como Daniel Riolo acusan al delantero del Real Madrid de rozar el ridículo con un discurso obsesivo e individualista.
La mecha la ha encendido una entrevista del delantero en RFI, concedida justo antes del derbi que el Real Madrid terminó perdiendo contra el Atlético de Madrid. «Sería una decepción no ganar el Balón de Oro, no hubo nadie mejor que yo la temporada pasada», soltó el de Bondy sin pestañear. Unas palabras que han sentado como un tiro en el país vecino. Daniel Riolo, uno de los comunicadores más influyentes de la televisión francesa a través de RMC Sport, no se ha mordido la lengua al analizar esta estrategia de autopromoción: «Parece un coche robado», llegó a comparar para ilustrar lo forzado de la situación. Para Riolo, Mbappé está exagerando de forma descarada sus méritos para convencer a los votantes, convirtiendo el galardón en una obsesión personal que eclipsa lo colectivo.
Qué significa esta obsesión para el Real Madrid
Yo esto lo veo muy claro: Mbappé tiene un problema de lectura de los tiempos. El fútbol es un deporte de dinámicas y, sobre todo, de puntería en lo que dices y cuándo lo dices. Soltar que fuiste el mejor del mundo justo antes de jugar y perder un derbi contra el Atlético de Madrid es, como poco, pegarse un tiro en el pie de cara a la opinión pública.
En la planta noble del Santiago Bernabéu gusta que sus estrellas aspiren a lo máximo, pero siempre bajo el paraguas del club. El «yo, mi, me, conmigo» que está proyectando Kylian en Francia no ayuda a su encaje en un vestuario que viene de ganarlo casi todo la temporada pasada sin él. Meter con calzador un discurso tan personalista cuando todavía te estás adaptando a tus nuevos compañeros puede generar fricciones innecesarias. Carlo Ancelotti, que de gestionar egos sabe un rato largo, seguro que prefiere que los goles hablen en el campo antes que en los micrófonos de las radios francesas.
El curso anterior, según apuntan las críticas desde Francia, Mbappé se quedó con el casillero de títulos a cero en lo que respecta a grandes éxitos con el Real Madrid y con su selección, tras una Eurocopa bastante gris. Por eso, basar toda su defensa en que «no van a anunciar un equipo al abrir el sobre, sino a un jugador» suena un pelín egoísta. Es verdad que el Balón de Oro premia el rendimiento individual, y ahí Kylian saca pecho con sus cifras goleadoras. «La capacidad de rendir a nivel individual y de deslumbrar es lo que marca a la gente», insiste el delantero. Pero en el fútbol moderno, si tus goles no se traducen en metal para las vitinas de tu equipo, la campaña se cae por su propio peso.
El juicio de la prensa francesa y el peso de la opinión
La relación de Mbappé con los medios de su país lleva tiempo en una montaña rusa, pero este último episodio marca un punto de no retorno. En Francia no ha gustado nada que el jugador estructure su discurso en torno a una campaña de marketing tan evidente. Riolo fue tajante al señalar que existe «una estrategia enorme detrás» y que las entrevistas que concede últimamente están diseñadas con el único propósito de arañar votos para la gala de octubre.
Cuando un futbolista necesita explicar por qué merece un premio en lugar de dejar que su juego hable por él, suele ser mala señal. Es como el que tiene que explicar un chiste: si tienes que hacerlo, es que no ha tenido gracia. Mbappé se está exponiendo a un desgaste de imagen innecesario en un momento donde debería estar centrado en recuperar las sensaciones tras el bache del derbi madrileño.
El veredicto final lo conoceremos el 26 de octubre. Hasta entonces, a Kylian le tocará demostrar en el césped que sus palabras no eran solo una huida hacia adelante, porque en el fútbol, el mejor marketing siempre ha sido meter el balón en la red.




















