Robbie Ure ya sabe lo que es vestir la camiseta de Escocia, pero su debut internacional nos deja la misma sensación que sus primeros meses en el Sevilla: mucha pelea, un despliegue físico tremendo y un poste que evitó su primer gran grito de gol. El joven delantero disputó 67 minutos en el empate a cero contra la Eslovenia de Jan Oblak en la Nations League, justo antes de afrontar su segundo examen internacional contra Suiza.
El estreno de Ure con la absoluta de su país tuvo de todo menos el premio del gol. Salió de titular, se pegó con la defensa eslovena y, justo antes del descanso, estrelló un remate en la madera que pudo cambiar el destino de la noche. Tras ser sustituido en el minuto 67, al atacante de 22 años le queda una última bala en este parón de selecciones: el partido de este martes a las 20:45 horas contra Suiza en Hampden Park, antes de reincorporarse a la disciplina sevillista.
De la locura en Suecia a la sequía en Nervión
A ver, yo esto lo veo con calma, pero entiendo perfectamente que en la grada del Sánchez-Pizjuán empiecen a impacientarse. Robbie Ure llegó este verano a Sevilla con el cartel de delantero total. Venía de salirse literalmente en el IK Sirius sueco, donde firmó una temporada de esas que parecen de videojuego: 20 goles en 20 partidos. Una barbaridad de cifras que provocó que la dirección deportiva nervionense se moviera rápido para ganarle la partida a media Europa. Clubes de la Premier League, de la Serie A, de la Ligue 1 y de la liga turca andaban detrás del chaval, pero el Sevilla estuvo más listo y le firmó un contrato a largo plazo, nada menos que hasta 2031.
El problema es que el fútbol español no es el sueco. El ritmo es otro, las defensas muerden el triple y el gol se cotiza a precio de oro. En sus primeros siete partidos oficiales con la camiseta blanquirroja, el casillero de goles de Ure sigue a cero. Y claro, cuando eres el «nueve» de referencia de un club con la exigencia del Sevilla, la sombra de la duda siempre empieza a planear si el balón no besa la red. La presión de la etiqueta de goleador puede pesar como una losa si no se gestiona de forma adecuada.
El trabajo sucio que no sale en los telediarios
Ahora bien, no seamos injustos con el escocés. Si has visto jugar al Sevilla en estas primeras siete jornadas de Liga, sabrás perfectamente que Ure no está pasando el rato sobre el césped. El chaval es un titán en lo físico. Destaca por su tremendo despliegue en el campo: baja a recibir, juega de espaldas a la portería contraria, protege el balón con el cuerpo y oxigena el juego de sus compañeros cuando la presión del rival ahoga la salida del equipo. Es el clásico delantero que hace mejores a los extremos que entran desde la segunda línea.
Ese tremendo trabajo de desgaste es precisamente lo que buscaba Luis García Plaza. No olvidemos que el técnico pidió con insistencia un delantero de este perfil tras confirmarse el traspaso de Akor Adams al Venezia. La comparación, claro, es inevitable para el aficionado: el nigeriano registra tres goles y una asistencia en siete partidos oficiales en Italia, mientras que Ure sigue peleando contra su propia sequía. García Plaza necesitaba un faro arriba, un jugador capaz de aguantar los balones en largo y dar aire al bloque, y en eso el escocés cumple con nota. Pero el fútbol vive de las áreas.
Ure tiene solo 22 años y un margen de crecimiento enorme, pero en Nervión el tiempo corre muy rápido. Este debut con Escocia, a pesar del poste ante Oblak, le tiene que servir como una inyección de moral. Si el martes ante Suiza logra ver puerta en Hampden Park, regresará a Sevilla con otra mentalidad. Al final, los delanteros son rachas: a veces el balón toca en el palo y se va fuera, y otras entra sin querer. A Ure solo le falta que entre la primera para recuperar el olfato que asombró a Europa en Suecia. Estaremos muy atentos a lo que haga en Glasgow.




















