El Sevilla tiene un problema serio en cuanto regresa del túnel de vestuarios. Transcurridas las primeras once jornadas de LaLiga, el conjunto nervionense ha dejado claro que sabe plantear bien los partidos de inicio, pero se desmorona en cuanto el cronómetro pasa del minuto 45. La reciente derrota frente al Getafe en el Coliseum ha encendido todas las alarmas sobre una desconexión recurrente que está costando una sangría de puntos.
La fotografía de lo que le ocurre al equipo es bastante nítida cuando se repasan los datos. Diez de los últimos trece goles que ha recibido el Sevilla llegaron en las segundas partes. Lo más preocupante no es solo el momento del contratiempo, sino la falta de capacidad para reaccionar: ocho de esos diez tantos encajados se produjeron superado el minuto 60 del choque. En el Coliseum volvió a repetirse la misma historia. El bloque se marchó al descanso con ventaja en el marcador, pero tras la reanudación bajó la intensidad de forma drástica, cedió metros y acabó cediendo los tres puntos ante un rival que apretó en la presión.
Seis puntos volados tras pasar por vestuarios
Yo esto lo veo claro: cuando un patrón se repite tanto, deja de ser mala suerte para convertirse en una tara estructural. En este tramo reciente de competición, el Sevilla apenas ha sido capaz de sumar 4 puntos de 15 posibles, habiendo logrado únicamente una victoria ante Osasuna y un empate frente al Levante. Es verdad que el calendario no ha ayudado, con enfrentamientos directos complicados ante rivales de la talla del Barcelona o el Real Madrid, pero la forma de perder la ventaja en partidos teóricamente bajo control indica una fragilidad alarmante.
Hagan la cuenta conmigo, porque las matemáticas no engañan. El equipo de Nervión ha dejado escapar hasta seis puntos en encuentros donde llegó al descanso por delante o empatando. Pasó en la visita al Levante en el Ciutat de València, donde no se pudo amarrar el triunfo tras tener el marcador a favor, ocurrió en el choque frente al Barcelona partiendo desde tablas al término de los primeros 45 minutos, y se ha vuelto a escenificar ante el Getafe. Incluso en escenarios condicionados por lances del juego, como aquel duelo en Cornellà jugando en inferioridad numérica por una expulsión, la tónica de encajar en el tramo final terminó pesando en el desenlace.
Falta de gasolina o bajón de tensión competitiva
La duda que queda ahora mismo en el ambiente es si se trata de un problema puramente físico o de un despiste mental colectivizado. El contraste es brutal si comparamos el arranque liguero, donde el Sevilla fue capaz de darle la vuelta a un marcador adverso contra el Rayo Vallecano en la jornada inaugural, con esta versión actual que parece quedarse sin argumentos futbolísticos en las segundas partes. Cuando el rival sube un peldaño la agresividad o ajusta la táctica en el intermedio, la escuadra sevillista tiende a encogerse y pierde la brújula en la zona de creación.
Corregir este descosido en la reanudación es el gran reto que tiene el cuerpo técnico sobre la mesa para los próximos compromisos. Mantener la consistencia competitiva durante noventa minutos resulta indispensable si el grupo quiere escalar posiciones y evitar que las buenas sensaciones de las primeras partes terminen quedándose en nada. Veremos si en los siguientes partidos el Sevilla logra cerrar el grifo en los segundos tiempos o si la desconexión tras el descanso se convierte en una condena definitiva durante la temporada.




















