El enésimo capítulo de la guerra abierta entre Javier Tebas y el Real Madrid ha estallado con fuerza. El presidente de LaLiga ha respondido de forma contundente en sus redes sociales al último comunicado del club blanco, que exigía su dimisión, recordándole directamente a Florentino Pérez que ninguno de los dos es el dueño del fútbol español.
La mecha de este nuevo incendio la encendió una nota oficial del Real Madrid en la que se tildaba de «intolerable» la actitud de Tebas. Pero el presidente de la patronal no es de los que se muerde la lengua ante los micrófonos ni ante el teclado. Tebas arrancó su réplica con un dardo directo al palco del Bernabéu: «Coincido plenamente en una frase: el presidente de LaLiga no es el dueño de la competición. El presidente del Real Madrid tampoco». A partir de ahí, el dirigente defendió que su labor es garantizar la equidad entre todos los clubes, acusando a la entidad blanca de desviar la atención de sus problemas y de atacar sistemáticamente al estamento arbitral a través de Real Madrid TV, alimentando la teoría de una «Liga adulterada» jornada tras jornada.
¿Qué significa este nuevo choque para el fútbol español?
Yo esto lo veo como la confirmación definitiva de que los puentes entre el Real Madrid y la sede de LaLiga no es que estén rotos, es que ya no queda ni el solar sobre el que se construyeron. No estamos ante una rabieta pasajera de un martes por la tarde; es un pulso político y de poder que afecta de lleno a la estabilidad de nuestro fútbol. Cuando el club madrileño califica la gestión de Tebas de «intolerable» y pide abiertamente su relevo, está yendo con todo el arsenal disponible en los despachos.
¿Y en qué se traduce esto para ti y para mí, que lo que queremos es ver rodar el balón? Pues en un ruido de fondo que empaña lo deportivo. Tebas le afeó al Madrid que sostenga en privado que «LaLiga no vale nada» sin su presencia, o que sugiera que los árbitros perjudican deliberadamente «al negocio que les da de comer». Al final, esta crispación constante genera un clima de sospecha insoportable sobre cada decisión arbitral, cada horario y cada reparto de derechos de televisión. La pelota sigue entrando, pero el ambiente está muy enrarecido.
La estrategia del Real Madrid de utilizar su canal oficial de televisión para presionar con vídeos sobre los colegiados es, precisamente, el punto donde Tebas ha querido hacer más sangre. El presidente de LaLiga insiste en que el club no puede camuflar como «opiniones ajenas» o de periodistas independientes lo que, a su juicio, es un discurso perfectamente orquestado y alimentado desde las propias instancias de la entidad blanca.
El trasfondo de una relación completamente rota
Para entender este cruce de declaraciones hay que mirar el tablero completo, porque aquí nadie da un paso sin calcular el siguiente. No se trata solo de un calentón por unas declaraciones recientes. En el fondo de este asunto encontramos discrepancias profundas que vienen de largo: el proyecto de la Superliga que Florentino Pérez sigue defendiendo, el acuerdo con el fondo CVC que el Madrid rechazó en los tribunales y la pugna constante por el control de la narrativa de la competición.
Tebas ha vuelto a jugar la carta de la representatividad colectiva. Al asegurar que defender a todos los clubes exige garantizar la igualdad, se posiciona como el escudo de los equipos medianos y pequeños frente a las exigencias de un gigante. Su frase de cierre, «respeto a todos, subordinación a ninguno», es toda una declaración de intenciones: no piensa dar un paso atrás ante el peso político del Real Madrid.
A partir de ahora, nos toca observar cómo se traslada esta tensión institucional a las próximas asambleas de la patronal. Con las relaciones totalmente congeladas, el día a día de los despachos del fútbol español promete ser de todo menos aburrido. Veremos si la cuerda se termina de romper o si el fútbol, como casi siempre, consigue imponerse a las guerras de corbata.




















