El Athletic Club tropezó en su visita al Ciutat de València frente al Levante tras una primera mitad para el olvido. Dos despistes defensivos condenaron al conjunto de Edin Terzic, que vio cómo su equipo remó contracorriente, incluso con un hombre menos en la segunda parte, sin poder rascar la victoria.
Yo siempre he dicho que regalar minutos en Primera División se paga carísimo, y el Athletic lo comprobó de la peor manera. Tras un arranque prometedor con un par de llegadas claras —incluida una gran ocasión de Álex que desbarató el portero local—, dos pérdidas de balón consecutivas desencadenaron los tantos del Levante. A partir de ahí, el plan saltó por los aires. Terzic lo resumía así en rueda de prensa: «Hemos tenido el control al inicio con dos buenas oportunidades, pero dos pérdidas nos han creado problemas. Nos ha pasado todo lo contrario a lo que nos ocurrió ante Celta y Atlético».
La lectura de Terzic y el ajuste desde el banquillo
Cuando un partido se te pone cuesta arriba tan pronto, la gestión de los tiempos lo es todo. El técnico alemán movió el árbol al descanso con dos modificaciones y reservó las tres restantes para el minuto 80, condicionado por la carga física de futbolistas que salían de lesión. «No era cuestión de tenerles mucho tiempo», justificó el preparador rojiblanco, que también señaló el parón acumulado durante la revisión del penalti como un factor que alteró el ritmo del choque.
A pesar de la inferioridad numérica por la expulsión sufrida en el segundo tiempo, el Athletic mantuvo el bloque alto y apretó hasta el pitido final. Para Terzic, esa rebeldía con diez futbolistas es la tabla de salvar a la que agarrarse: «Lo positivo es que hemos luchado hasta el final y podemos construir desde estos elementos. Hemos creado más oportunidades que en nuestro último partido, pero hemos concedido dos goles». La contundencia en ambas áreas, esa que sonrió ante Celta y Atlético, esta vez le dio la espalda por completo.
Consecuencias y el regreso a San Mamés
La derrota deja una lección muy clara para los leones: el volumen de juego no sirve de nada si regalas caramelos atrás. Generar más llegadas que el rival pierde todo su valor cuando encajas dos goles casi seguidos por falta de contundencia. La exigencia en el fútbol de élite no perdona estos vaivenes emocionales ni tácticos.
La mirada del vestuario ya está puesta en la siguiente jornada, donde el calendario le ofrece la mejor medicina posible: el regreso a casa. «En el mundo del fútbol sabemos cómo son los resultados y cómo cobran importancia los siguientes partidos. Jugamos en casa y llevamos tiempo sin jugar en San Mamés», recordó Terzic. Toca corregir esos despistes de bulto si el cuadro bilbaíno quiere reengancharse a las sensaciones positivas ante el Getafe delante de su gente.




















