El Real Madrid ha cerrado la preparación para recibir este domingo al Málaga en Chamartín con una sesión matutina marcada por las ausencias, las visitas ilustres y los detalles de vestuario que tanto gustan a José Mourinho. Tras arrancar la temporada con pleno de victorias ante el Espanyol y la Real Sociedad, el conjunto blanco busca el nueve de nueve antes de afrontar su primera semana de tregua sin partidos cada tres días. Tres puntos clave para irse al parón con los deberes hechos.
La gran sorpresa de la mañana en Valdebebas ha sido la presencia de Sergio Ramos. El eterno capitán, que se encuentra actualmente sin equipo tras cerrar su etapa en el fútbol mexicano, se dejó ver por la Ciudad Real Madrid para saludar a sus antiguos compañeros y al cuerpo técnico en la víspera del duelo liguero. Mientras el camero observaba desde la banda, sobre el césped se confirmaba que el parte médico del equipo sigue siendo un auténtico dolor de cabeza para el técnico portugués.
Siete ausencias y la fórmula de la cantera
A mí, sinceramente, lo que me preocupa de este Madrid no es el juego, sino la enfermería. Siete bajas. Se dice pronto, pero preparar un partido de Primera División sin Mendy, Militao, Asencio, Tchouaméni, Thiago Pitarch, Rodrygo y Endrick es como intentar montar un mueble de Suecia al que le faltan los tornillos clave. Militao y Endrick al menos ya pisan el césped del campo anexo para avanzar en sus respectivos procesos de recuperación, pero el resto de lesionados sigue recluido en el gimnasio sin fecha clara de retorno.
¿La consecuencia directa de este panorama? Que a Mourinho no le queda otra que tirar de manual y repetir la convocatoria de las dos primeras jornadas. Esto significa que los canteranos Mestre, Mario Rivas, Cestero y Alexis Ciria volverán a vestirse de corto con el primer equipo. Yo esto lo veo como una oportunidad de oro para los chavales, pero también como un aviso para navegantes: la plantilla se le puede quedar muy corta al Madrid si el calendario aprieta y la enfermería no se vacía pronto. De momento, el técnico luso está sabiendo capear el temporal con lo que tiene a mano.
Hacer piña al estilo Mourinho: rancho y residencia
Para contrarrestar las dificultades y la falta de efectivos, el míster sabe perfectamente que el grupo debe ser una roca. Por eso, tras el entrenamiento, la plantilla y el cuerpo técnico se han reunido en una comida de equipo en las propias instalaciones de la Ciudad Real Madrid. No es algo nuevo este verano, ya que lo han hecho a menudo durante las jornadas de dobles sesiones, pero sirve para blindar el vestuario, reírse un rato y hacer piña antes de que ruede el balón.
Lo curioso viene después. Tras el almuerzo, la mayoría de los futbolistas se marcharon a sus casas, pero el plan de concentración tiene sus particularidades. Mañana por la mañana están todos citados de nuevo en Valdebebas, pero tres integrantes del grupo no tendrán que desplazarse ni un solo metro. El propio Mourinho, junto a los jóvenes Espí y Cucurella, se quedan a dormir en la residencia del primer equipo dentro de la ciudad deportiva, donde tienen fijado su domicilio habitual. Una muestra más del nivel de implicación y de cómo el club ha diseñado un entorno donde el fútbol se vive y se respira las veinticuatro horas del día.
Con el Málaga enfrente y la visita nostálgica de Ramos todavía fresca en la retina, el Madrid se juega consolidar su liderato antes de que el calendario dé un respiro. Veremos si la fórmula de la cantera y el espíritu de grupo bastan para mantener el pleno de victorias en Chamartín.

















