Los parones de selecciones suelen ser un auténtico dolor de cabeza para los entrenadores, pero esta vez Pellegrino Matarazzo puede respirar aliviado. Job Ochieng ha cerrado su participación con Kenia sin disputar un solo minuto en el último amistoso contra Ruanda (0-0). Una bendición para la Real Sociedad, que recupera a su extremo fresco y sin kilómetros de más en las piernas.
El atacante txuri urdin vio todo el encuentro desde el banquillo. El seleccionador keniano decidió que era el momento de agitar el árbol, meter rotaciones y dar descanso a sus piezas clave. Para Ochieng, esto se traduce en una tregua física de oro justo antes de afrontar el largo viaje de vuelta a Donostia. El plan ha salido a pedir de boca para los intereses realistas.
El bendito descanso tras el desgaste inicial
Yo esto lo veo como un triunfo silencioso para la Real Sociedad. Si miramos de dónde venía Ochieng en este parón, la preocupación del cuerpo técnico estaba más que justificada. El chaval venía de ser titular indiscutible en los dos compromisos anteriores de Kenia, tanto frente a Guinea como ante Eritrea. En ambos partidos fue el jugador desequilibrante que todos conocemos, enseñando ese desborde eléctrico por banda que tanto nos gusta ver.
Eso sí, hay un detalle importante que no debemos pasar por alto: en ninguno de esos dos partidos llegó a completar los noventa minutos. Su seleccionador lo dosificó y esa gestión del esfuerzo, sumada al rosco de minutos contra Ruanda, hace que el desgaste acumulado sea mínimo. Volver de una convocatoria internacional con la chispa intacta es casi un milagro en el fútbol moderno.
El factor Zubieta: Matarazzo ya hace cuentas
Cruzar medio mundo para jugar con tu país es un orgullo, pero para los clubes es un dolor de muelas. El viaje desde el este de África hasta el norte de España no es precisamente un paseo. Hablamos de cambios de temperatura, horas de avión y desajustes horarios que rompen el ritmo de cualquiera. Por eso, que Ochieng no tenga encima la paliza física de haber competido el último día hace que el proceso de recuperación en Donostia sea mucho más rápido.
La vuelta al trabajo en Zubieta está programada para este viernes. Ochieng se reincorporará a las órdenes de Pellegrino Matarazzo teóricamente en perfectas condiciones físicas. Y creedme, esto es música para los oídos del técnico. Cuando tienes un extremo cuyo juego se basa en la explosividad y el uno contra uno, cada gramo de fatiga cuenta el doble. Un jugador cansado pierde esa décima de segundo clave para el regate; un jugador fresco te revienta un partido.
La importancia de tener a todos sanos
En una temporada tan exigente, donde el calendario no da tregua y los esfuerzos se pagan caros a final de mes, gestionar la plantilla es un arte. Ver que tus internacionales regresan sanos y salvos es la mejor noticia posible para el cuerpo técnico realista. Mientras otros equipos cruzan los dedos rezando para que no les devuelvan a sus estrellas lesionadas, en San Sebastián pueden celebrar que su joven puñal keniano vuelve con el depósito de gasolina lleno.
Ahora la pelota está en el tejado de Matarazzo. Con Ochieng listo para la acción, el técnico tiene en su mano una de sus armas más desequilibrantes para agitar las defensas rivales. Toca cruzar los dedos para que el viaje de vuelta sea tranquilo y el extremo pueda demostrar en el verde que este descanso le ha sentado de maravilla.




















