El Real Madrid está a punto de colocar la guinda definitiva a la faraónica reforma del Santiago Bernabéu. Siete años y medio después del inicio de las obras, el club instalará un escudo gigante de cinco metros de alto en la fachada de la Castellana, respondiendo así a una de las peticiones más repetidas por el madridismo.
Yo, que he seguido de cerca la evolución de este estadio, sé lo mucho que se cuida la imagen de marca en Chamartín. Según apunta Mundo Deportivo, varios operarios llevan semanas estudiando la compleja colocación de esta pieza monumental. El escudo se ubicará al lado de las letras de ‘Bernabéu’ que ya lucen en la fachada principal. Un detalle que busca saldar una pequeña deuda con la afición, aunque el debate sobre el nombre completo del templo sigue sobre la mesa.
El regreso de la identidad al nuevo coliseo
Hablemos claro: el nuevo Bernabéu es una obra de ingeniería espectacular, pero a muchos románticos del fútbol les faltaba algo de calor humano entre tanta chapa de acero. El diseño vanguardista, con esa piel metálica que envuelve el estadio, dejaba una sensación un tanto fría para el socio de toda la vida. Faltaba pertenencia. Con la colocación de este escudo de cinco metros de altura, el club busca precisamente eso: devolverle la identidad visual al Paseo de la Castellana. Que cualquiera que pase por allí sepa al instante de quién es esa casa.
La instalación no es moco de pavo. Colgar una estructura de semejantes dimensiones sobre las lamas de acero requiere un estudio técnico milimétrico para asegurar la sujeción y que no rompa la estética del diseño de iluminación. Por eso los ingenieros y operarios llevan semanas haciendo pruebas de carga y visibilidad. Quieren que se vea perfecto tanto a plena luz del día como cuando el estadio se ilumine por la noche.
La eterna polémica del «Santiago»
Aquí hay tela que cortar. La colocación del escudo viene a calmar un poco las aguas tras la polémica que levantó la instalación de las letras con el nombre del estadio. Si os habéis pasado últimamente por los alrededores del feudo blanco, habréis visto que en la fachada reza simplemente ‘Bernabéu’. A una parte muy importante de la masa social no le hizo ninguna gracia que se omitiera el ‘Santiago’. Para el madridismo clásico, Santiago Bernabéu no es solo un apellido; es el hombre que construyó el club moderno, y quitar su nombre de la fachada se sintió casi como un sacrilegio.
Aunque el escudo gigante no va a devolver la palabra ‘Santiago’ a las lamas de acero, sí que funciona como un bálsamo emocional. Al fin y al cabo, el escudo con la banda morada y las iniciales entrelazadas es el símbolo supremo de la entidad. Verlo presidir la Castellana mitiga esa sensación de que el estadio se estaba convirtiendo en un frío centro de convenciones o en un recinto multiusos de estética puramente corporativa.
El final de un camino de siete años y medio
La colocación de este elemento decorativo es también un símbolo de que el túnel de las obras llega, por fin, a su luz de salida. Siete años y medio de grúas, ruidos, lonas azules y accesos provisionales que han puesto a prueba la paciencia de los vecinos y de los propios aficionados. Para el Real Madrid, terminar de vestir el exterior del estadio es un paso crucial para dar por cerrado el capítulo de la construcción y centrarse exclusivamente en la explotación del recinto.
Con el Bernabéu ya funcionando a pleno rendimiento deportivo, estos retoques estéticos son los que marcan la diferencia entre un estadio moderno y un verdadero hogar para el aficionado. El madridismo ya tiene su templo del siglo XXI, y ahora, por fin, tendrá también el escudo que lo corone en la avenida más famosa de la capital.
Habrá que estar atentos a los próximos días para ver el resultado final colgado de la fachada. Una cosa está clara: la foto de rigor en la Castellana va a cambiar para siempre.




















