El Deportivo de La Coruña rinde visita este domingo a la Real Sociedad a las 16:15 horas con una dualidad bastante curiosa en la mochila. Los gallegos llegan volando lejos de Riazor, donde se han convertido en uno de los visitantes más incómodos de la categoría, pero se plantan en Anoeta, un terreno que históricamente se les atraganta de mala manera.
La carta de presentación del equipo dirigido por Antonio Hidalgo lejos de su feudo es sencillamente para quitarse el sombrero. El Dépor se mantiene invicto a domicilio en el campeonato liguero, un privilegio de elegidos que en toda la Primera División solo comparte ahora mismo con tres trasatlánticos: el Barcelona, el Sevilla y el Celta. En lo que llevamos de temporada, los coruñeses han asaltado La Cerámica sumando los tres puntos y han sabido amarrar empates de mucho mérito en estadios tan complicados como La Rosaleda y el Coliseum.
Un bloque de cemento cuando le toca viajar
Para entender la verdadera dimensión del mérito que tiene este Deportivo cuando le toca hacer las maletas, conviene mirar las cifras con perspectiva. Yo esto lo veo como una cuestión de personalidad y trabajo táctico: los de Hidalgo no son un equipo que se descomponga ni se asuste cuando le aprieta la grada rival. De hecho, si sumamos el tramo final del curso pasado entre Primera y Segunda División, la racha es brutal: encadenan diez salidas consecutivas sin encajar una sola derrota. Hay que remontarse hasta el pasado mes de febrero para encontrar la última vez que los blanquiazules regresarons a casa de vacío tras jugar a domicilio.
Esa competitividad fuera de A Coruña explica en buena medida la tranquilidad con la que el equipo afronta sus compromisos. No necesitan acaparar la posesión ni meterle tres marchas más al choque para ser peligrosos. Leen los momentos del partido, juntan las líneas cuando toca sufrir y castigan cuando el rival concede un mínimo espacio. Ganar en Villarreal o salir ilesos de escenarios con tanta exigencia demuestra que la propuesta de Antonio Hidalgo tiene unos cimientos muy sólidos.
Anoeta, el fantasma que reaparece desde 2018
Ahora bien, las dinámicas están para ponerse a prueba y el calendario le pone este fin de semana un hueso muy duro de roer. San Sebastián trae recuerdos amargos para la parroquia deportivista. El conjunto coruñés acumula seis visitas seguidas al feudo realista sin lograr la victoria, un parcial de cuatro empates y dos derrotas que constatan que Anoeta se le atraganta al Dépor desde hace demasiado tiempo.
Para buscar el último enfrentamiento directo entre ambos en suelo donostiarra hay que hacer memoria y retroceder hasta febrero de 2018. Aquella tarde fue una auténtica pesadilla para los gallegos. Encajaron un doloroso 5-0 que terminó precipitando la destitución del por entonces entrenador deportivista, Cristóbal Parralo. Desde aquel tropiezo, por avatares del fútbol y cambios de categoría, sus caminos no se habían vuelto a cruzar en el estadio txuri-urdin.
Prueba de madurez para el proyecto de Hidalgo
Este duelo dominical representa mucho más que tres puntos en el casillero. Es el escenario perfecto para medir si la solidez del equipo como visitante es una simple racha de arranque de curso o si de verdad se trata de una virtud identitaria de la plantilla. Sumar en San Sebastián significaría alcanzar los once desplazamientos seguidos puntuando y, de paso, sacudirse de encima un gafe en Anoeta que dura ya más de seis años.
A nivel anímico y competitivo, salir con vida de un campo tan complicado confirmaría que el Deportivo de Antonio Hidalgo ha vuelto a la máxima categoría preparado para competir contra cualquiera. Habrá que estar muy atentos a cómo gestionan los gallegos la presión en un terreno hostil, en lo que se prevé como una hermosa batalla táctica entre la necesidad local y el despliegue visitante.




















