Gary Neville no se ha andado con chiquitas. El exdefensa del Manchester United ha cargado con dureza contra el Manchester City a cuenta de sus infracciones del juego limpio financiero entre los años 2009 y 2018. Si la apelación del conjunto ‘citizen’ no llega a buen puerto, el británico exige medidas drásticas: la salida de la propiedad, la retirada de los títulos conseguidos en ese periodo y una sanción de puntos durante varias temporadas.
Hablando claro y sin rodeos en el programa ‘Overlap Daily’, el exfutbolista británico de 51 años ha dejado muy clara su postura sobre la resolución del caso. A su juicio, el castigo debe ser ejemplar si finalmente no prospera el recurso del club del Etihad Stadium. «Los dueños deberían irse, los títulos deberían serle retirados durante el período correspondiente y debería haber una sanción de puntos de varios años», declaró sin morderse la lengua el histórico carrilero de Old Trafford.
El látigo de un mito de Old Trafford
Yo esto lo veo clarísimo: cuando habla una figura del peso de Gary Neville, el fútbol inglés se detiene a escuchar. No estamos ante la opinión de un tertuliano cualquiera que busca el titular fácil para encender las redes sociales. Hablamos de un exfutbolista que defendió la camiseta del Manchester United durante casi dos décadas (entre 1992 y 2011), que vivió en primera persona el cambio de hegemonía en la ciudad y que conoce las entrañas de la Premier League a la perfección.
Que una leyenda de su calibre exija la marcha de los propietarios del rival de la ciudad demuestra hasta qué punto el expediente del Manchester City está poniendo a prueba las costuras de la competición. Neville no es el único; son ya varios los exfutbolistas coetáneos de aquella época que reclaman que no se hagan excepciones con el Fair Play Financiero y que el club reciba la sanción que merece por lo acontecido entre 2009 y 2018.
Sin descenso, pero con mano dura
Ahora bien, Neville introduce un matiz muy analítico que conviene subrayar. A diferencia de los discursos más viscerales que piden mandar al equipo a las catacumbas del fútbol inglés, el ex internacional rechaza un castigo que implique el descenso de categoría. «No estoy particularmente obsesionado con el descenso del Manchester City a la League One o la League Two. Quiero que el club esté en la Premier League», explicó de forma transparente.
A mí esta postura me parece de un pragmatismo enorme. Neville entiende que la Premier League necesita la competitividad deportiva del Manchester City en la máxima categoría, pero cree que el peaje por incumplir las reglas financieras debe ser tajante tanto en los despachos como en la tabla. Restar puntos durante varios años seguidos golpearía directamente las aspiraciones deportivas del equipo sin necesidad de dinamitar su presencia en la élite.
El dilema económico en el este de Mánchester
Hay un aspecto en la reflexión de Neville que trasciende lo estrictamente deportivo y al que merece la pena prestar atención. El británico demuestra comprender los reparos y la cautela con la que se mueven los estamentos políticos y deportivos británicos ante una decisión de este calibre.
El propio Neville admitió entender por qué la Premier League, los reguladores y los políticos temen el impacto que tendría la salida de los actuales dueños. Tal y como señaló, las consecuencias económicas para el club, la propia ciudad y en concreto para la zona del este de Mánchester serían enormes tras años de fuerte inversión en infraestructuras y desarrollo local.
Ese es el verdadero laberinto en el que se encuentra la competición. Mantener la credibilidad del control financiero exige un castigo firme para el periodo investigado, pero el peso socioeconómico de la entidad obliga a medir cada paso. Toca estar muy atentos a cómo evoluciona el proceso de apelación, porque el desenlace dictará las reglas del juego para el futuro del fútbol inglés.




















