El Athletic Club vivió una noche aciaga en su visita al Ciutat de València. Tras irse al descanso con dos goles en contra por un doblete fulminante de Brugué, los leones reaccionaron con un penalti transformado por Alex Berenguer, pero sus opciones de remontada se esfumaron tras la expulsión con roja directa de Aymeric Laporte.
Yo vi a un Athletic desorientado durante la primera mitad, completamente bloqueado ante la pegada local. En apenas dos minutos, Brugué puso tierra de por medio y dejó al conjunto dirigido por Terzic sin capacidad de respuesta inmediata. No fue hasta el minuto 66 cuando apareció una rendija para la esperanza: un despeje a destiempo de Olasagasti terminó cazando el tobillo de Maroan dentro del área. Alejandro Quintero no apreció el contacto en vivo sobre el césped, pero la llamada de Luis Mario Milla desde la sala VAR obligó al colegiado a revisar la acción en el monitor. Berenguer no perdonó desde los once metros y firmó el 2-1 que devolvía la emoción al choque.
El golpe definitivo: la roja a Laporte y su sanción
Cuando parecía que el Athletic podía apretar en el tramo final en busca del empate, la noche se terminó de torcer. En el minuto 73, Requena encaraba en soledad la portería defensada por Unai Simón y Laporte frenó su avance con una falta por detrás. La decisión arbitral fue tajante: tarjeta roja directa. Dejar a tu equipo con diez hombres cuando estás volcando el campo es un golpe durísimo, pero las consecuencias inmediatas van más allá de este encuentro.
Esta expulsión le cuesta muy cara a Terzic de cara al calendario más cercano. Laporte cumplirá sanción y causará baja obligada este mismo domingo en el duelo frente al Getafe. Perder al central de Agen por una acción de último recurso trastoca por completo los planes defensivos del técnico, que tendrá que recomponer la zaga en tiempo récord y sin margen para asimilar la derrota a domicilio.
Bloqueo inicial y falta de respuesta
A mí lo que más me llama la atención del partido no es solo el tramo final, sino el desconcierto general que sufrió el equipo en la primera parte. Que un rival te aseste dos estacazos en apenas 120 segundos es un palo enorme, pero la reacción rojiblanca tardó más de una hora en dar señales de vida. El Athletic estuvo sin brújula, dominado por el planteamiento del Levante y necesitando una revisión de monitor para reengancharse al duelo.
Aun así, la lectura positiva para el vestuario era haber recuperado el pulso competitivo en la segunda mitad. Estaban a un solo tanto de rascar algo positivo de un escenario complicado. Sin embargo, la roja a Laporte cortó de raíz cualquier conato de asedio final sobre la meta granota, sepultando las opciones de puntuar.
Toca pasar página rápido en Bilbao. Sin tiempo para lamentaciones tras el esfuerzo baldío en Valencia, el foco se traslada de inmediato al choque del domingo ante el Getafe, donde Terzic deberá encajar las piezas en la línea defensiva sin su pilar zaguero.




















