Cuando un equipo viene de encajar seis goles en el Camp Nou y visita a un Sevilla en racha en el Sánchez-Pizjuán, un empate a cero sabe casi a victoria. El Deportivo Alavés no se llevó los tres puntos de Nervión, pero agarró un punto de oro gracias, sobre todo, a una actuación imperial de Antonio Sivera en la portería babazorra.
El guardameta de Jávea fue la figura absoluta del encuentro al detener un penalti a Rubén Vargas en la primera mitad, una jugada decisiva que mantuvo a su equipo dentro del partido cuando más apretaban los locales. Sivera admitió tras el choque que habían estudiado concienzudamente los lanzamientos por la mañana con el cuerpo técnico. Por si fuera poco, en el segundo tiempo volvió a ponerse la capa de héroe al sacar un testarazo a quemarropa de Juan Iglesias para amarrar un punto tan trabajado como necesitado.
Lo que significa este punto en Nervión
Yo esto lo veo muy claro: cuando el fútbol no te da para dominar con la pelota, la supervivencia pasa por cerrar la persiana atrás. El Alavés estuvo lejos de su mejor versión ofensiva en Sevilla, pero venía de encajar un severo correctivo ante el Barcelona y la prioridad máxima era recuperar la solidez. Dejar la portería a cero en un escenario tan exigente es la mejor medicina mental posible para un vestuario que necesitaba reencontrarse consigo mismo.
Es verdad que el dato frío escora la balanza hacia la preocupación: los vitorianos acumulan ya dos meses sin ganar y enlazan ocho jornadas consecutivas sin sumar de tres en tres. Sin embargo, en la pelea por la permanencia hay empates que restan y empates que suman el doble de su valor nominal. Sumar en un campo donde el rival venía lanzado permite afrontar el parón con la sensación de que el bloque sigue vivo y sabe sufrir.
Como bien resumió el propio Sivera al terminar el partido, en una carrera de fondo cada unidad cuenta en el casillero y supone dar un paso más hacia la salvación. En temporadas largas donde las dinámicas negativas aprietan la garganta, saber rascar puntos en días grises marca la línea divisoria entre los equipos que se caen y los que aguantan el pulso a la categoría.
La preparación táctica y el recuerdo a Jesús de Miguel
El impacto de Sivera bajo los palos no es fruto de la casualidad ni del azar. Detener un penalti requiere intuición, pero también un trabajo de vestuario y análisis previo que el portero albiazul quiso poner en valor. Salvar esa pena máxima a Vargas no solo evitó el gol hispalense, sino que cambió por completo el guion emocional de un partido que amenazaba con ponérsele muy cuesta arriba al Alavés desde los primeros 45 minutos.
Más allá de lo estrictamente deportivo, la noche en el Sánchez-Pizjuán tuvo una carga emotiva especial. El vestuario babazorro encaró el choque con el corazón encogido tras el fallecimiento el pasado martes de Jesús de Miguel, futbolista del Tenerife. El propio Sivera quiso mandar un mensaje de aliento y condolencias a la familia del jugador, reconociendo que habían sido días enormemente difíciles en el fútbol español y que la mejor manera de honrar su memoria era saltar al césped y competir con la máxima pasión.
Con el parón a la vuelta de la esquina, al Alavés le toca utilizar este punto de inflexión defensivo como base sobre la que construir. Cortada la sangría goleadora y recuperada la seguridad bajo palos, el siguiente reto de los de Vitoria será traducir esa solidez en victorias para enterrar de una vez una racha de dos meses de sequía.




















