La victoria de la Real Sociedad ante el Rayo Vallecano dejó tres puntos en el casillero, pero también un nudo en el estómago de toda la afición txuri urdin. Ander Barrenetxea tuvo que retirarse del césped lesionado y entre lágrimas, justo antes de unirse al parón de selecciones con España. La preocupación en San Sebastián es máxima a la espera de las pruebas médicas.
Pellegrino Matarazzo no escondió el gesto de contrariedad tras el choque. El técnico estadounidense apostó por darle a Barrenetxea su tercera titularidad consecutiva en solo siete días, una carga de minutos brutal que acabó pasando factura. «Tiene una lesión pero no sabemos cómo de severa es. Tenemos que hacer la resonancia para saberlo. Tiene muy poca fortuna. Está en un gran momento, incluyendo el partido, con todos los uno para uno ganados. Es muy importante para nosotros. Volverá y regresará más fuerte», explicó el entrenador en sala de prensa.
El precio de llevar el peso del ataque
Yo esto lo veo así: cuando un futbolista está con la flechita hacia arriba, los entrenadores caen en la tentación de exprimirlo al máximo. Es comprensible. Barrenetxea venía de romper defensas en cada choque, ganando cada duelo individual y dándole a la Real esa profundidad que muy pocos extremos ofrecen hoy en día en LaLiga. Sin embargo, el cuerpo tiene límites y acumular tres inicios de partido en una semana de máxima exigencia suele ser jugar a la ruleta rusa con la musculatura.
La escena del canterano marchándose desconsolado hacia los vestuarios lo dice todo. La rabia no es solo por sentir el tirón en pleno esfuerzo, sino por el momento en el que llega. El extremo donostiarra estaba rindiendo a un nivel superlativo y se disponía a vestir la camiseta de la selección española. Romperse justo cuando estás tocando el techo de tu rendimiento es un golpe anímico durísimo para cualquiera.
Una victoria con sabor agridulce para la Real
El triunfo frente al Rayo Vallecano consolida a la Real Sociedad en una dinámica competitiva sólida, demostrando que sabe ganar incluso cuando no firma su tarde más deslumbrante y manteniendo la portería a cero. El problema es que el peaje pagado en la banda izquierda puede condicionar seriamente los planes tácticos de Matarazzo para el regreso de la competición.
Sin la chispa y el desborde de Barrenetxea en el uno contra uno, el esquema ofensivo pierde a su pieza más punzante por fuera. Ahora la pelota queda en el tejado de los servicios médicos del club, que deberán determinar tras la resonancia magnética si se trata de un simple susto o de una dolencia que lo mantendrá en la enfermería durante varias semanas.
Toca aguantar la respiración en Anoeta. El parón de selecciones servirá para ganar tiempo, pero la vista de todos está puesta en el parte médico final.




















