El Real Madrid ha vuelto a tirar de epicentro y carácter en la Champions League tras imponerse por 2-3 al AEK de Atenas gracias a un golazo de Fede Valverde en el minuto 92. El conjunto blanco, que marchaba por detrás en el marcador (2-1) a quince minutos del final, firmó una nueva remontada agónica en suelo europeo para mantener su pleno de victorias en la competición.
No fue una noche plácida para los chicos de José Mourinho en Grecia. El equipo volvió a pecar de exceso de confianza en el arranque, encajando pronto tras una salida mucho más intensa del conjunto local. Aunque el juego madridista se encasquilló durante buena parte del choque —marcado por la falta de magia ante la ausencia de Arda Güler y una versión desconectada de Vinicius—, el empuje de Marc Cucurella, la calidad de Jude Bellingham y el tremendo zapatazo lejano de Valverde sobre la bocina acabaron dando la vuelta a un choque que se había puesto muy cuesta arriba tras el 2-1 griego en el minuto 75.
Pleno europeo y dudas en el juego
La victoria deja al Real Madrid con un bagaje impecable de 12 puntos de 12 posibles en la tabla continental. En lo numérico, la trayectoria es inmejorable: cuatro triunfos en cuatro jornadas que encarrilan de forma definitiva el billete a la siguiente fase. Sin embargo, el desarrollo del choque en Atenas deja avisos serios en la libreta del cuerpo técnico. El equipo acumuló demasiados minutos a un ritmo bajo y regaló concesiones defensivas que a punto estuvieron de costarle el primer tropiezo de la temporada en Europa.
A diferencia de otras citas donde la profundidad del ataque dependía casi en exclusiva de la desfachatez de Vinicius, en Atenas el recurso volvió a ser la fe colectiva y la pegada desde fuera del área. El brasileño estuvo irreconocible, sin desborde ni claridad en la toma de decisiones, obligando a buscar vías alternativas en la medular. Ahí fue donde emergió la figura de Bellingham para dar criterio entre líneas y el tono competitivo de Cucurella para contagiar agresividad cuando el partido agonizaba.
La fórmula Valverde como salvavidas
Lo vivido en Atenas guarda un paralelismo casi exacto con el triunfo conseguido semanas atrás en Roma. En ambos escenarios, el Real Madrid necesitó verse contra las cuerdas para activar ese punto de orgullo que le permite resolver partidos en los minutos de descuento. La irrupción de Valverde en el noventa y dos, repitiendo la suerte del disparo lejano, se confirma como un argumento diferencial cuando el fútbol fluido brilla por su ausencia.
Con la clasificación encarrilada en Europa, el foco de Mourinho pasa ahora por ajustar la actitud defensiva del bloque desde el inicio de los partidos y recuperar la mejor versión de sus piezas ofensivas. El pleno en la estadística sostiene la tranquilidad en el vestuario, pero la exigencia del calendario obligará al Madrid a corregir estas desconexiones antes de que los cruces decisivos no permitan más margen de error.
A partir de ahora toca comprobar si el equipo es capaz de trasladar esta contundencia en los minutos finales hacia un juego más regular de principio a fin.




















