Sorpresa mayúscula en el fútbol femenino de México. Alberto Toril ha dejado de ser el entrenador del Toluca de forma totalmente inesperada. El técnico cordobés, que llegó al banquillo de las ‘Diablas’ el pasado mes de junio, rompe su vinculación con el club tras dirigir apenas nueve partidos en el Clausura 2026.
La noticia nos ha pillado a todos a contrapié. Según ha comunicado la propia entidad mexicana, la salida del exentrenador del Real Madrid se ha producido «de mutuo acuerdo» y alegando estrictamente «motivos personales». Todo esto ocurre con diez jornadas ya disputadas del torneo Clausura 2026, donde el Toluca marcha en una meritoria tercera posición de su grupo, plenamente metido en la pelea por clasificarse para la liguilla. El club agradeció el trabajo de Toril y de su cuerpo técnico, prometiendo anunciar a su sustituto «en los próximos días».
¿Qué significa esta salida para las ‘Diablas’?
A ver, pongámonos en situación porque esto no es lo habitual. Cuando un entrenador hace las maletas a mitad de un torneo, casi siempre suele ser porque la pelota no entra, el vestuario es un polvorín o la directiva ha perdido la paciencia. Pero aquí el escenario es radicalmente distinto. El Toluca de Toril estaba funcionando bien. Ir terceras de grupo y con opciones serias de liguilla no es moco de pavo.
Para que os hagáis una idea, cambiar de piloto cuando vas a buena velocidad y en una posición cómoda de la parrilla siempre es un riesgo tremendo. El fútbol es un deporte de hábitos y de automatismos cotidianos. Las jugadoras se habían adaptado desde junio a la pizarra del cordobés, a su metodología de entrenamientos y a su forma de entender el juego asociativo. Romper esa inercia de golpe, por muy de mutuo acuerdo que sea, suele dejar al grupo en un estado de shock temporal.
El principal problema ahora es el tiempo. En un torneo tan dinámico como el mexicano, quedarse descabezado a las puertas del tramo decisivo es como intentar cambiar una rueda del coche mientras sigues en marcha por la autopista. El nuevo técnico que llegue tendrá que subirse al tren en marcha y cruzar los dedos para que las piezas no se descoloquen en las próximas semanas.
El impacto de perder la pizarra de Toril
Yo esto lo veo con cierta preocupación para el rendimiento inmediato del equipo. Toril, a sus 53 años, traía un bagaje importante de su etapa en el Real Madrid Femenino. Esa experiencia en la élite europea era un grado de madurez para un Toluca que buscaba dar un salto de calidad competitivo. Nueve partidos en el cargo es un suspiro en el fútbol profesional; apenas da tiempo para que la plantilla asimile los conceptos tácticos más básicos.
Cuando un proyecto deportivo se corta de raíz tan pronto, el mayor peligro es la pérdida de identidad sobre el césped. Las jugadoras ahora se enfrentan a la incertidumbre de no saber si el que venga querrá seguir con la línea continuista o si decidirá tirar la pizarra por la ventana y empezar de cero. Si opta por lo segundo, el Toluca podría pagar un peaje carísimo en las próximas jornadas del Clausura.
El reto de encontrar un relevo a contrarreloj
La directiva del Toluca tiene ahora una patata caliente entre las manos. Buscar un entrenador en pleno mes de octubre, con el torneo avanzado y las expectativas altas, nunca es tarea fácil. El perfil ideal debería ser alguien que conozca bien el fútbol femenino, capaz de entrar al vestuario y generar un impacto positivo desde el primer minuto sin revolucionar demasiado lo que ya funcionaba con Toril.
Si deciden traer a alguien que no conozca la idiosincrasia del club, el proceso de adaptación podría consumir las pocas jornadas que quedan para asegurar el billete a la fase final. Por eso, las ‘Diablas’ se juegan el trabajo de los últimos cuatro meses en las decisiones que tomen en las próximas horas.
Habrá que seguir muy de cerca los próximos movimientos institucionales del club. La liguilla sigue estando al alcance de la mano, pero el margen de error para el Toluca se ha reducido al mínimo tras esta inesperada ruptura.




















