Llegar con la hora pegada al culo y rescatar un punto de oro en dos minutos. Eso fue exactamente lo que hizo el Oviedo en su visita al Almería, rascando un empate 2-2 en un partido que se le había puesto cuesta arriba desde el inicio. Los locales mandaban cómodamente con dos goles de ventaja, pero el fútbol tiene estas cosas: despiste general en dos jugadas seguidas y tablas en el marcador.
La historia arrancó mal para los asturianos desde antes de pitar el inicio. El Oviedo completó un viaje accidentado hasta tierras andaluzas y aterrizó apenas cinco horas antes de saltar al césped. Esa falta de ritmo se notó de entrada. El Almería dominó las dos áreas en el primer tramo y encarriló el choque antes de la primera media hora gracias a los tantos de Sergio Arribas y Miguel de la Fuente. Sin embargo, tras el descanso —que arrancó con cinco minutos de retraso por un fallo técnico en las comunicaciones del VAR—, el guion dio un vuelco radical. Julián Calero movió el banquillo, dio entrada a Jacobo y el atacante mandó a la red el primer balón que tocó. Acto seguido, una acción desafortunada terminó en gol en propia puerta de Pulido para certificar el 2-2 definitivo.
Dos chispazos que cambian la dinámica de una carrera
Yo esto lo veo clarísimo: encajar dos goles tan pronto después de pegarte una paliza de viaje tumba a cualquiera, pero la reacción del conjunto ovetense demuestra carácter. Pasar del 2-0 al 2-2 en un suspiro deja sensaciones completamente opuestas a ambos entrenadores. Para Julián Calero, este punto sabe a victoria moral por cómo se levantó su equipo tras el golpe inicial y la pesadez en las piernas. Cambió la cara de los suyos en la caseta y los retoques desde el banquillo le dieron un rendimiento inmediato.
Por parte del Almería, el enfado de García Pimienta tiene que ser considerable. Tener un encuentro bajo control, dominando las dos zonas del campo con solvencia y mostrando eficacia rematadora, para terminar cediendo dos puntos por desconectar dos minutos es el típico tropiezo que duele en el vestuario. En esta categoría, si le regalas un metro al rival o te despistas en un centro, lo pagas caro. El Almería dejó escapar una oportunidad magnífica para afianzarse arriba y firmar registros de récord.
Desajustes defensivos y el factor sorpresa desde el banquillo
Analizando el choque en lo futbolístico, la primera mitad dejó en evidencia la falta de tensión en la zaga asturiana, donde futbolistas como Dani Calvo sufrieron lo indecible para frenar la movilidad de la delantera local. El Almería castigó cada desajuste defensivo y convirtió en gol casi todo lo que generó en los primeros treinta minutos.
Sin embargo, la lección que nos deja el duelo está en la gestión de los minutos finales y la profundidad de plantilla. La salida al campo de Jacobo desorbitó al entramado defensivo almeriense, que pasó de estar cómodo a dudar en cada centro al área. Esa presión desembocó en el desafortunado remate de Pulido hacia su propia portería. Dos zarpazos seguidos que descolocaron por completo al cuadro local, incapaz de reaccionar en el tramo final a pesar de que las opciones de ataque se multiplicaron para ambos lados.
De cara a las próximas jornadas, el Oviedo demuestra que tiene capacidad de respuesta ante la adversidad y que sabe competir incluso cuando el contexto viene cruzado desde el viaje. Para el Almería, el aviso es claro: en Segunda División ningún resultado se puede dar por cerrado hasta que el colegiado indica el camino hacia los vestuarios.




















