Ganar 2-0 al Everton y ponerse al frente de la pelea por la Premier League debería ser motivo de celebración absoluta en el Emirates. Sin embargo, a Mikel Arteta le duró poco la alegría. Nada más terminar el encuentro, el técnico vasco alzó la voz en rueda de prensa para cargar con dureza contra la confección del calendario, tildando de «terrible» la carga de partidos que ha tenido que soportar su plantilla en menos de una semana.
La queja de Arteta no viene en absoluto desencaminada si miramos las fechas con detenimiento. El técnico ‘gunner’ resumió el maratón con datos precisos: jugaron el domingo por la tarde en liga, viajaron el miércoles por la noche a Múnich para disputar un exigente duelo de Champions League, regresaron a Londres a altas horas de la noche del jueves y, apenas sin margen para entrenar o respirar, les programaron de nuevo partido de Premier el sábado a las tres de la tarde. Un auténtico castigo físico en menos de seis días que pone al límite a cualquier vestuario de elite.
Del maratón de Múnich al esfuerzo límite en la Premier
Yo esto lo veo muy claro: cuando juegas en Europa a domicilio ante un rival del nivel del Bayern o en un escenario como Múnich, el desgaste no es solo de piernas, es fundamentalmente mental. Volver a casa un jueves de madrugada implica que el viernes apenas puedes hacer una sesión suave de recuperación y vídeo. Saltarle al campo el sábado a las tres de la tarde contra un Everton que te exige ir al choque constantemente es, directamente, jugar en desventaja biológica.
Por eso, las palabras de Arteta no suenan a excusa barata, entre otras cosas porque las pronunció con los tres puntos ya en el bolsillo. Cuando un entrenador protesta tras perder, la prensa suele tacharlo de mal perdedor; cuando lo hace tras ganar 2-0, conviene escucharle con atención. El técnico guipuzcoano sabe que mantener el ritmo competitivo en la cima del fútbol inglés exige una rotación perfecta, pero cuando el calendario no te da ni 60 horas entre choque y choque, la salud física de los futbolistas se convierte en una ruleta rusa.
La lección de compromiso de Gabriel Magalhaes
Si hubo un nombre propio que personificó la resistencia del Arsenal ante este contratiempo, ese fue Gabriel Magalhaes. El central brasileño encendió todas las alarmas durante el transcurso del partido tras sufrir un serio susto físico que hizo pensar en una sustitución inmediata. Sin embargo, apretó los dientes, rehusó salir del terreno de juego y terminó siendo decisivo al anotar uno de los dos goles que sentenciaron el choque frente a los ‘toffees’.
Arteta no dudó en señalar ese gesto en rueda de prensa como el estándar que exige a todo su grupo. «Eso es lo que necesitamos de nuestros jugadores», llegó a afirmar el míster. Para un vestuario que aspira a destronar a los gigantes de la competición, ver a uno de tus baluartes defensivos sobreponerse al dolor y terminar decidiendo el partido en el área contraria vale mucho más que tres puntos. Muestra una pasta especial, de esas que marcan la diferencia entre pelear el título o levantarlo a final de temporada.
Consecuencias de una semana de supervivencia pura
El triunfo ante el Everton deja al Arsenal tocando el liderato, demostrando que este proyecto ha ganado una madurez competitiva tremenda respecto a años anteriores. En otras campañas, un duelo trampa como este, metido con calzador tras un desplazamiento europeo exigente, solía costarle puntos valiosos a los londinenses. Hoy en día, la solidez defensiva y el acierto a balón parado de los zagueros bastan para amarrar los partidos incluso cuando las piernas no responden al cien por cien.
Habrá que ver ahora qué factura pasa este atracón de minutos a corto plazo. Superar un calendario sofocante como el de esta semana reconforta el espíritu, pero los músculos tienen memoria. Arteta ha dejado claro su malestar con los estamentos que fijan los horarios, pero sabe que a partir de mañana el foco vuelve a estar en cuidar a sus hombres entre algodón para mantener la velocidad de crucero en la Premier.




















