La recompensa a la paciencia acaba de tocar a la puerta de Álvaro Valles. El guardameta del Real Betis ha sido la gran sorpresa en la convocatoria de Luis de la Fuente para la Selección Española de cara a este parón de noviembre, ocupando la vacante generada por David Raya al resolver un asunto personal. A sus 29 años, al cancerbero sevillano le llega por fin la oportunidad de debutar con la absoluta en el momento de mayor madurez de su carrera deportiva.
El portero conoció la noticia justo al cruzar la línea de vestuarios tras completar el entrenamiento matinal con el equipo verdiblanco. En sus primeras declaraciones para los medios oficiales del Betis, Valles no escondió el pellizco en el estómago que supone un hito así: «Con mucha ilusión. Muy emocionado. No he llorado por vergüenza creo yo. Para eso trabajamos día a día y es lo que estábamos buscando». Una citación internacional que, además, celebra por partida doble el vestuario heliopolitano gracias a la presencia paralela de Marc Roca en la lista.
El valor de resistir: de un año en blanco a liderar en paradas
Para valorar en su justa medida lo que significa ver a Álvaro Valles vistiendo la camiseta de la Selección, conviene recordar el camino sinuoso que ha recorrido hasta aquí. El guardameta asumió el altísimo riesgo de pasarse un año prácticamente parado, en blanco, con la firme convicción de que su sitio estaba de vuelta en casa, defendiendo el escudo del Betis. En su momento hubo quien cuestionó si merecía la pena frenar el ritmo competitivo en una posición tan delicada. La respuesta la ha dado el propio fútbol un tiempo después.
Yo esto lo veo claro: cuando un jugador renuncia a minutos inmediatos por convicción, solo hay un camino de vuelta, y pasa por la exigencia absoluta. Tras una primera temporada de transición en la que le tocó recuperar sensaciones y adaptarse de nuevo al ecosistema del Benito Villamarín, su explosión actual ha sido incontestable. Los datos no engañan a nadie: las estadísticas lo sitúan como el guardameta que más paradas clave firma en lo que va de competición en LALIGA.
Ese rendimiento no sale por arte de magia. El propio Valles ha hecho hincapié en la labor diaria junto a sus compañeros de posición y a Toni Doblas, responsable de la preparación de porteros en el club. Ese ecosistema de sana competitividad ha sido la gasolina que le ha permitido evolucionar en el blocaje, el juego aéreo y la toma de decisiones bajo palos hasta convencer definitivamente al seleccionador.
El respaldo familiar y las consecuencias en el esquema de la Roja
En el plano personal, la llamada supone un alivio y una alegría compartida con su círculo más íntimo. El propio portero confesaba entre sonrisas que era su mujer quien tenía más fe que él en este desenlace, repitiéndole durante toda la semana que el seleccionador terminaría llamándole. «Yo tenía un poco más de dudas, al final le tengo que dar la razón. Muy feliz, muy contento y a disfrutar por mi familia, por mis hijos», admitía un Valles consciente de que vive su momento de gracia.
¿Y qué supone esto para España en los próximos partidos? La ausencia puntual de David Raya altera la jerarquía habitual en la portería nacional y abre una ventana de oportunidad real. Valles no acude al parón a hacer de mero espectador: llega en un estado de forma diferencial, siendo el sostén de su equipo en escenarios de máxima exigencia. Si Luis de la Fuente decide darle la alternativa en alguno de los dos compromisos de este parón, la Selección ganará a un portero intuitivo y reanimado por la confianza de estar cumpliendo el sueño de su vida. Toca comprobar si aprovecha el momento bajo palos.




















