El Bayern de Múnich sabe perfectamente la clase de futbolista que tiene entre manos con Michael Olise, pero la tranquilidad pública empieza a matizarse cuando las sirenas de los grandes del continente no dejan de sonar. A sus 24 años, el extremo galo tiene contrato firmado hasta 2029, aunque las últimas palabras desde la zona noble del club bávaro han vuelto a encender los focos sobre su futuro.
Jan-Christian Dreesen, consejero delegado del Bayern, no se ha andado con rodeos al ser preguntado por la situación del atacante: «Max y yo somos responsables de esto. Su contrato termina en 2029. Nos sentaremos y hablaremos las cosas a su debido momento». Una declaración prudente que deja abierta cualquier puerta, tanto la de una ampliación contractual como la de una venta si el mercado se vuelve loco. Conviene recordar que en la pasada ventana veraniega el Real Madrid ya sondeó de cerca la opción de incorporar a Olise por una suma millonaria, aunque la entidad blanca terminó decantándose por el fichaje de Yan Diomandé, procedente del RB Leipzig.
El dilema bávaro: pilar deportivo o cheque astronómico
Yo esto lo veo claro: en la planta noble del Allianz Arena no se chupan el dedo. Saben de sobra que Olise es ahora mismo uno de los atacantes más desequilibrantes del panorama europeo, pero la dinámica del mercado dicta sus propias normas. Según los datos aportados por Fabrizio Romano, la hoja de ruta inicial del Bayern pasa por bloquear tajantemente cualquier propuesta que llegue a las oficinas del club, pues consideran al francés una pieza absolutamente estructural del proyecto. Ahora bien, en Múnich tampoco descartan sentarse a negociar si algún trasatlántico se presenta con una cifra astronómica sobre la mesa.
Y es que basta con mirar la producción del extremo para entender por qué produce semejante dolor de cabeza a los directivos. En lo que llevamos de temporada, Olise ya registra seis goles y tres asistencias en apenas ocho encuentros disputados. Un rendimiento inmediato que no es casualidad, sino la continuidad de lo que demostró el curso pasado, cuando firmó unos números al alcance de muy pocos privilegiados: 15 tantos y 19 pases de gol contando únicamente sus partidos en la Bundesliga. Con esas cifras en la mano, no sorprende que el chico se haya consolidado también como un pilar en la selección de Francia compartiendo ataque con Kylian Mbappé y Ousmane Dembélé.
Cómo afecta esta incertidumbre al esquema del Bayern
Para el vestuario muniqués, cualquier especulación sobre la continuidad de su jugador más en forma genera un ruido incómodo en mitad de la competición. Perder a un futbolista que te asegura dobles dígitos en goles y asistencias supone rehacer por completo la estructura ofensiva. En el terreno de juego, Olise le da al equipo esa pausa arriba y la capacidad de decidir partidos atascados mediante su regate y su visión de juego.
El desvío de interés del Real Madrid hacia Diomandé sirvió para enfriar el culebrón durante unos meses, pero las palabras de Dreesen demuestran que el expediente no está cerrado ni mucho menos. Posponer la conversación para su «debido momento» le da margen al Bayern para medir las fuerzas del mercado, evaluar el rendimiento del jugador a lo largo de la campaña y decidir si toca blindarlo definitivamente con una mejora o preparar el terreno para una operación récord.
A partir de ahora, habrá que seguir con lupa tanto las conversaciones internas en Múnich como el rendimiento del atacante francés sobre el césped, porque si Olise mantiene esta media de participación directa en los goles, la presión de los grandes europeos en los despachos no va a hacer más que multiplicar sus decibelios.




















